TT Ads

Antiguamente recorrían las calles para anunciar que un miembro de la hermandad había fallecido. Hoy, matraca en mano y repitiendo aquella tradición, cofrades de Nuestra Señora de la Soledad y de Santiago han convocado al barrio de Santa Águeda para acompañar al Cristo de la Buena Muerte en la primera de las procesiones de la recién inaugurada Semana Santa de Burgos. El cortejo anunciador ha salido de la iglesia a las 22:30 y, tras juramento y bendición ante el padre abad, ha recorrido la calle Embajadores y la plaza de Santa María para volver a su punto de partida, desde donde media hora más tarde ha emprendido la procesión.

Fue el año pasado cuando se decidió sacar del olvido una antigua costumbre, la que mantenían en el siglo XVI las «freirías», que dado su carácter asistencial, velaban a sus difuntos. Como un recuerdo de esa obra de misericordia, además de orar por los cofrades fallecidos, acompañar la muerte de Cristo ha hecho recapacitar a los miembros de esta hermandad sobre la fugacidad de la vida: «Si mañana moriremos, ninguno lo sabemos», han repetido a lo largo de su recorrido.

Un itinerario que en su segunda edición se ha enriquecido, además, con la recuperación de cantos devocionales populares, donde el «pésame, Señor, de haberos ofendido», se ha repetido como un estribillo por un cortejo de plañideras ataviadas con trajes tradicionales. Esta vez, ha sido la imagen de un Cristo yacente que se conserva en la iglesia de San Lorenzo la que se ha portado a hombros de ocho cofrades sobre unas andas de Villamorón. También han procesionado la imagen de una Virgen Dolorosa, mientras que un grupo de niños ha portado una pequeña talla.