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La catedral de Burgos ha acogido en la tarde del 30 de diciembre la tradicional Oración por la Paz organizada por el movimiento Justicia y Paz, celebrada bajo el lema «Hacia una paz desarmada y desarmante», tomado de las palabras del papa León XIV. La convocatoria ha reunido a fieles que han querido finalizar el año elevando una súplica común por la paz en un contexto internacional marcado por los conflictos armados y la violencia.

 

La celebración ha combinado la escucha de la Palabra de Dios con signos y gestos simbólicos. Las lecturas del profeta Isaías y de la carta de san Pablo a los Efesios se han intercalado con frases de los salmos, que han sido colgadas en un árbol seco, como expresión del deseo de que la paz sea capaz de devolver la vida allí donde hoy parecen imponerse la guerra y la destrucción. En ese clima de oración ha resonado con especial fuerza el pasaje del evangelio de san Mateo en el que Jesús, en el Huerto de los Olivos, exhorta a Pedro: «Envaina la espada, porque todos los que empuñan espada, a espada morirán».

 

La oración ha estado presidida por Jesús Sancho, consiliario del movimiento Justicia y Paz, quien ha realizado un recorrido por la historia pasada y reciente para mostrar cómo la paz ha tratado de abrirse camino en medio de situaciones marcadas por el enfrentamiento y la violencia. Desde esa perspectiva, ha desgranado algunas de las ideas centrales del mensaje del papa León XIV para la próxima Jornada Mundial de la Paz, subrayando la necesidad de una paz que no se apoye en las armas ni en la imposición, sino en la justicia, el diálogo y la reconciliación.

 

El encuentro ha concluido con un gesto de adoración al Niño Jesús, reconocido como Príncipe de la Paz, poniendo la mirada en el misterio de la Encarnación como fuente de esperanza para la humanidad. Como signo final, se han repartido granadas, fruto cargado de simbolismo bíblico, asociado a la fecundidad, la bendición y la prosperidad, y apreciado también por sus propiedades sanadoras. Con este gesto sencillo, los participantes han sido enviados a vivir y a construir la paz en la vida cotidiana, como compromiso personal y comunitario al inicio del nuevo año.