El pasado sábado, 24 enero, los salones de la iglesia parroquial de San Fernando acogieron el segundo encuentro formativo de catequistas del arciprestazgo de Burgos-Gamonal de este curso, dirigido por José Manuel Santos, profesor de la Facultad de Teología del Norte de España, sede de Burgos.
En la primera parte de la jornada, el ponente realizó un análisis de la cultura de los hombres y mujeres a quienes se quiere evangelizar. Indicó que «estamos ante un paisaje religioso en transformación, con cambios profundos y multiformes, pero no estamos ante un retorno del catolicismo sino ante una reconfiguración profunda del campo religioso debido al encuentro con la modernidad». En tal situación, interpretar los significados de los cambios culturales que se están produciendo, conocer la sociedad en la que vivimos, el mundo en que crecen tanto los agentes pastorales como los destinatarios del mensaje, es algo «imprescindible» —señaló— para comunicar el Evangelio y poder dar razón de muchos de los problemas concretos que tienen los catequistas.
«Hoy, fe y cultura están en un diálogo constante y complejo por lo que transmitir la fe es un desafío ante una nueva forma de ver y pensar la vida, de creer y vivir la fe, y a la vez una oportunidad para crecer en la relación con Dios y anunciar el mensaje del Evangelio», afirmó, porque «la fe no se crea ni se destruye, se transforma». Esta situación supone una encrucijada histórica para los cristianos: manifestar su dignidad, expresar su fe y pertenencia a la Iglesia; caminar hacia una Iglesia evangelizadora, con una presencia pública, aprendiendo a convivir con lo profano y dialogando con la cultura como un espacio para el compromiso.
En un segundo momento, Santos se centró en los escenarios o contextos socio-culturales tratados en el Directorio para la Catequesis. Se trata de cuestiones culturales, sociales y religiosas que invitan a los cristianos a recordar que «evangelizar es hacer presente en el mundo el Reino de Dios». En cada ámbito (ciencia, cultura digital, bioética, integridad de la persona, ecología, opción por los pobres, compromiso social, ambiente de trabajo) descubrió riesgos y posibilidades, criterios y actitudes, que no son ajenos al comportamiento moral ni al compromiso evangelizador de los cristianos como tampoco a la tarea catequética.
Resaltó dos constantes en el Directorio con vistas a los catequistas y la catequesis: formación y compromiso. La vocación y tarea misionera de la Iglesia evidencian que la evangelización se empieza a trabajar en el diálogo con la cultura: el cristianismo se juega su credibilidad —Dios y su revelación son dignos de ser aceptados— en la medida en que contribuye a la mejora de la vida de las personas, aporta dignidad y felicidad al ser humano y a la existencia humana






