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El pasado miércoles, 28 de enero, la sala Polisón del Teatro Principal de Burgos acogió la charla del psicólogo y sexólogo Alejandro Villena Moya Porno, ¿por qué no?: Cómo prevenir y ayudar en la adicción a la pornografía, que es a su vez el título de uno de sus libros.

 

El acto estaba organizado por diversas entidades de la archidiócesis de Burgos, en el marco de la campaña en-AMOR-arte y como un evento más de la Escuela de Familias ‘Educarse para educar’ organizada por la Delegación para la Familia y Vida y el movimiento Encuentro y Solidaridad. Más de 60 personas disfrutaron con una presentación rigurosa y seria pero con un gran estilo comunicativo y transmitiendo criterios y esperanza.

 

La conferencia se inició abordando de forma directa y fundamentada el impacto del consumo de pornografía en niños, adolescentes, jóvenes y, también, adultos, especialmente en un contexto digital caracterizado por la hiperestimulación, la inmediatez y la falta de acompañamiento.

 

El ponente constató con datos muy contundentes que la pornografía no es algo marginal. El primer contacto con esta realidad está en torno a los 9 años, mientras el consumo ya está ampliamente normalizado entre chicos y chicas. La mayoría de las familias no son conscientes de que sus hijos consumen o se han visto expuestos en mayor o menor medida a este tipo de contenido. El ponente subrayó que la sociedad vive una auténtica «porndemia» (‘pandemia del porno’), con cifras de visitas que superan a muchas plataformas digitales convencionales de música, series, películas, lo que de facto convierte a la pornografía en uno de los principales educadores sexuales.

 

Villena también expuso cómo está demostrado que el consumo de pornografía deteriora progresivamente la capacidad de atención, enmarcándolo en una sociedad del «ya-ya» (todo inmediato). Apoyándose en estudios neurocientíficos, explica cómo el consumo frecuente afecta al córtex prefrontal, reduciendo capacidades cognitivas como la concentración, el autocontrol y la toma de decisiones. Presentó la pornografía como una «adicción comportamental mentirosa», que promete alivio emocional pero termina generando dependencia y empobrecimiento psicológico.

 

Uno de los ejes centrales es la relación entre pornografía y salud mental. Se expuso su asociación con depresión, baja autoestima, ideas suicidas y dificultades para regular las emociones. Cuanto antes se inicia el consumo, mayores son los problemas posteriores. Villena insiste en que muchos jóvenes utilizan la pornografía como una vía disfuncional para calmar el malestar emocional, sustituyendo el aprendizaje de estrategias sanas de afrontamiento.

 

La conferencia mostró cómo la pornografía deforma la percepción de la sexualidad, promoviendo modelos basados en la violencia, la cosificación y la desconexión afectiva. Se señalaron los preocupantes datos sobre el aumento de la agresividad sexual, la disminución de la empatía, la mayor probabilidad de infidelidad y la aparición de disfunciones sexuales, como la disfunción eréctil en jóvenes. La sexualidad deja de ser un espacio de encuentro para convertirse en consumo.

 

Villena alertó además sobre un nuevo escenario especialmente grave: el uso de inteligencia artificial para crear contenidos sexuales no consentidos (‘deepfakes‘), incluso con personas cercanas o menores. A través de testimonios reales, mostró cómo la pornografía facilita la normalización de conductas éticamente muy graves, ampliando los riesgos y el daño psicológico.

 

Frente a esta situación, la conferencia ofreció propuestas claras y prácticas, especialmente dirigidas a familias y educadores basadas en cuatro pilares educativos: la educación sexual, desde el respeto, la dignidad y los vínculos; la educación emocional, aprendiendo a manejar la tristeza, el enfado, el estrés y el miedo; la educación digital, fomentando un uso responsable de los dispositivos, los contratos tecnológicos y los límites claros; y la educación en fortalezas, tales como la autoestima, las habilidades sociales y la red de apoyo.

 

El ponente insistió en que el control parental no es solo técnico, sino mental y afectivo, y que una conversación a tiempo puede ser «decisiva, incluso vital».

 

La conferencia concluyó con una llamada a ser padres y madres valientes, presentes y formados. No se trata de demonizar la tecnología, sino de acompañar, escuchar y educar con criterio. Villena subrayó que la prevención es siempre más eficaz —y menos costosa emocionalmente— que la intervención terapéutica tardía.