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La capilla de Santa Tecla de la catedral de Burgos ha acogido la celebración del Miércoles de Ceniza, con la que la archidiócesis ha iniciado el tiempo de Cuaresma. La celebración eucarística ha estado presidida por Mons. Fidel Herráez Vegas, arzobispo emérito de Burgos, quien ha centrado su homilía en la preparación hacia la Pascua y en las orientaciones propuestas por el papa León XIV para este tiempo litúrgico.
Tras un saludo cercano a los presentes —entre ellos Carlos Izquierdo, vicario general; Félix José Castro, deán-presidente del Cabildo; y al resto de canónigos y sacerdotes concelebrantes—, Mons. Herráez ha subrayado en su homilía que la Cuaresma no es una repetición rutinaria, sino un camino nuevo que conduce a la celebración central de la fe cristiana: la Pascua. Ha advertido del riesgo de quedarse en el gesto inicial de la ceniza sin dar continuidad al proceso de conversión durante los cuarenta y seis días que conducen a la Resurrección.
El arzobispo emérito ha recordado que la fe cristiana se sostiene en la convicción de que Dios se ha encarnado verdaderamente, ha entregado su vida y ha resucitado. «Ser cristiano es aceptar eso con todas sus consecuencias», ha afirmado, insistiendo en que la Encarnación no es una idea abstracta, sino una realidad que debe traducirse en vida concreta.
Siguiendo el Mensaje del Santo Padre León XIV para la Cuaresma 2026, titulado Escuchar y ayunar: la Cuaresma como tiempo de conversión, ha desarrollado tres ejes fundamentales: escuchar, ayunar y vivir juntos. Escuchar —ha explicado— no es solo oír, sino acoger activamente la Palabra de Dios y discernir, a la luz de ella, la realidad social. El ayuno, por su parte, no se limita a la privación material, sino que implica ordenar la vida y «desarmar el lenguaje», renunciando a palabras hirientes, juicios y calumnias para dar paso a expresiones de esperanza y paz.
Finalmente, ha destacado la dimensión comunitaria del camino cuaresmal. La conversión, ha señalado, no afecta únicamente a la conciencia individual, sino también al estilo de las relaciones, al diálogo y a la construcción de comunidades más reconciliadas.
Tras la homilía, la celebración eucarística ha continuado con la imposición de la ceniza a los presentes, acompañada de la frase «conviértete y cree en el Evangelio».






