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El pasado sábado, 14 de enero, coincidiendo con la festividad de san Valentín, cerca de una veintena de matrimonios de la archidiócesis han participado en una ruta romántica organizada por la Delegación para la Familia y Vida —en el marco de la Semana del Matrimonio—, que ha recorrido distintos espacios de la catedral de Burgos y de su entorno con un enfoque espiritual, artístico y matrimonial.

 

La actividad se ha celebrado en una mañana marcada por el frío característico del invierno burgalés. Los participantes se han reunido con el objetivo de redescubrir el amor conyugal a través de una ruta que ha unido arte, fe e historia, entendiendo el templo como un espacio donde el arte se convierte en oración y el compromiso matrimonial en testimonio visible.

 

El recorrido ha contado con las explicaciones del sacerdote diocesano Raúl Abajo, delegado adjunto de Patrimonio de la archidiócesis. «Con esa sabiduría que solo tienen quienes aman lo que explican, Raúl no solo nos regaló datos históricos y teológicos precisos, sino que supo entrelazarlos con anécdotas y ‘chascarrillos’ que nos arrancaron más de una sonrisa, haciendo que nos olvidáramos de la gélida temperatura para centrarnos en lo cálido de su relato», explica Merche Terradillos, una de las participantes.

 

El Arco de Santa María: la bienvenida del hogar

La ruta ha comenzado en el Arco de Santa María, donde los matrimonios han contemplado los frescos que recuerdan la boda de Felipe III y Margarita de Austria. Durante esta primera parada se ha reflexionado sobre la complementariedad entre el amor cotidiano y la pasión que sostiene la vida matrimonial.

 

«Raúl nos ha invitado a observar la dualidad del amor: por un lado, la figura de Juno o Lucina, diosa del hogar y la vigilancia familiar, que nos recuerda la importancia de cuidar el fuego cotidiano; y por otro, Venus, la pasión que impulsa la unión. Cruzar el arco fue, simbólicamente, una petición colectiva de estas virtudes para nuestros propios matrimonios», apunta.

 

El claustro: alianzas que construyen reinos

Ya en el interior del templo, el grupo ha profundizado en el significado histórico y simbólico del matrimonio a través del recuerdo de la unión entre Fernando III el Santo y Beatriz de Suabia, destacando cómo la solidez del matrimonio puede generar proyectos duraderos en el tiempo, como la propia Catedral.

 

«Aprendimos que el amor matrimonial, cuando es sólido, es capaz de edificar obras que trascienden los siglos. En este espacio, la idea de la ‘encarnación’ y la ‘delicadeza’ de la pedida de mano nos recordaron que Dios se hace presente en la historia humana a través de la luz y la belleza de la familia», señala Terradillos.

 

La capilla de Santa Ana: raíces y dificultades superadas

Uno de los momentos más significativos de la ruta ha tenido lugar ante el retablo de la capilla de Santa Ana, obra de Gil de Siloé. Allí los participantes han contemplado el Árbol de Jesé. «Raúl nos explicó cómo la genealogía de Jesús —desde el origen humilde del pastor hasta la estirpe real— se entrelaza con las miserias y grandezas humanas», narra.

 

Les conmovió especialmente la historia de San Joaquín y Santa Ana, un matrimonio que, a pesar de las dificultades y la espera, se mantuvo unido en la esperanza. «Su abrazo ante la Puerta Dorada es el dogma de la Inmaculada hecho ternura, recordándonos que la salvación se encarna en la realidad de cada matrimonio, de generación en generación. En este entorno tan especial elevamos todos juntos una oración renovando nuestro Sí como matrimonio ante el Señor», recuerda Terradillos.

 

La capilla de los Condestables: la perfección del ‘nosotros’

El recorrido ha continuado en la capilla de los Condestables. Bajo la bóveda calada en forma de estrella de ocho puntas —símbolo del «octavo día» o de la «nueva creación»— han visitado de cerca la tumba de don Pedro Fernández de Velasco y doña Mencía de Mendoza, los fundadores de la capilla. donde se ha reflexionado sobre la complementariedad conyugal a partir del sepulcro de los fundadores de la capilla.

 

«En su sepulcro de mármol, Raúl nos señaló la belleza de la complementariedad: la fuerza y la armadura del varón junto al rosario y la devoción de la mujer. Dos mundos perfectamente representados en esta capilla a un lado y otro de cada figura, que, en su dualidad, alcanzan la igualdad y la plenitud. Es aquí donde el amor se concreta, en el ‘aquí y ahora’ de un hombre y una mujer que deciden caminar juntos. Dejamos atrás esta preciosa capilla con una plegaria al Señor pidiendo que bendiga nuestros matrimonios día a día y nos ayude a crecer juntos como uno solo», expone Terradillos.

 

Las nuevas puertas: el misterio de la Encarnación en el siglo XXI

Uno de los momentos más sugerentes de la ruta por la Catedral fue la parada ante las nuevas puertas para la catedral de Burgos diseñadas por Antonio López y expuestas en el Museo Catedralicio. «Raúl nos ayudó a interpretar cómo estas piezas entroncan con las portadas antiguas del siglo XIII, recordándonos el proyecto amoroso de Dios. Contemplamos en la puerta central la figura de Dios Padre, ese Dios que se muestra ‘velado y desvelado’ en medio de la Creación del hombre y la mujer, simbolizando el amor y la misericordia. En la puerta izquierda vemos representada la Anunciación, y a una María que se hace cercanía absoluta como una figura de apertura y confianza que invita a entrar. La puerta derecha se dedica al Niño Jesús, representando la Encarnación», explica.

 

«Con la azucena como símbolo de la pureza de la Catedral y de María (con esa estética inspirada en la delicadeza de Antonello da Messina), la obra culmina en la representación de un hombre y una mujer contemporáneos. Es el amor hecho concreto: a escala real, del presente. En ese realismo de las figuras encontramos un profundo sentido matrimonial, recordándonos que el misterio de la fe no es algo lejano, sino algo que sucede hoy en nuestra propia historia de amor», apunta Terradillos.

 

Un idioma común

Tras compartir la comida y una agradable sobremesa, la ruta romántica ha concluido con una celebración eucarística teniendo presentes a los santos festejado también en el día: Cirilo y Metodio. «Al igual que ellos crearon un alfabeto para unir pueblos, los matrimonios estamos llamados a construir un idioma común. Un idioma hecho de fidelidad compartida, de caminos emprendidos juntos y de la capacidad de construir incluso en la dificultad», detalla.

 

«Regresamos a casa con el cuerpo algo frío por el invierno de Burgos, pero con el corazón encendido. Gracias a la Delegación por la organización y a Raúl Abajo por recordarnos que, en cada rincón de nuestra Catedral, hay un espejo donde el matrimonio puede mirarse para seguir volando alto», concluye Merche Terradillos.