Un nuevo Círculo de silencio se ha celebrado este lunes, 9 de marzo, en Burgos, en una convocatoria marcada por el frío y la lluvia que, aun así, ha reunido a un grupo de participantes comprometidos con la defensa de la dignidad humana. El encuentro ha estado animado en esta ocasión por la Delegación para la Familia y Vida de la archidiócesis de Burgos.
Durante la concentración se ha leído un manifiesto que ha comenzado con una denuncia clara de la guerra «de toda guerra», en un contexto internacional marcado por los conflictos armados y el sufrimiento de millones de personas obligadas a abandonar sus hogares. Desde el silencio compartido, los participantes han querido expresar su rechazo a la violencia y su compromiso con el diálogo y la defensa de la vida.
La convocatoria ha recordado también la próxima celebración de la Jornada por la Vida, el 25 de marzo, subrayando que la vida es «un don» y que «cada vida, toda vida, es una buena noticia». En este sentido, el manifiesto ha denunciado diversas situaciones que atentan contra la dignidad humana, como la trata de personas, la esclavitud moderna, la pobreza extrema o las condiciones laborales injustas que sufren muchos trabajadores en distintas partes del mundo.
El círculo de silencio ha dirigido de manera especial su mirada hacia las personas migrantes, recordando que detrás de cada desplazamiento hay historias concretas de vida, esperanza y búsqueda de un futuro mejor. «No hay vidas ilegales, solo personas que buscan un lugar donde puedan florecer», se ha afirmado durante la lectura del manifiesto, que ha insistido en que el fenómeno migratorio no puede reducirse a cifras o debates abstractos, sino que debe contemplarse desde la dignidad de cada persona.
Los participantes han destacado también el coraje de quienes se ven obligados a abandonar su país para ofrecer mejores condiciones de vida a sus familias. En este sentido, se ha recordado que «defender la vida implica construir puentes, no muros», y que la migración puede convertirse en una oportunidad para reforzar la solidaridad y la fraternidad entre los pueblos.
La concentración ha concluido con una llamada a las instituciones, a la Iglesia y a la sociedad civil para trabajar juntos en la defensa de todas las vidas, especialmente de las más vulnerables, recordando que «defender la vida es también defender el derecho a buscar un hogar».






