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La Semana Santa de Burgos afronta una nueva etapa marcada por el impulso a la comunicación y la difusión. Así lo ha señalado el presidente de la Junta de Semana Santa, José Juan Jiménez, este Viernes de Dolores, pórtico de la Semana Santa. El presidente ha destacado que uno de los principales desafíos actuales es «saber comunicar» una tradición «austera, profunda, entrañable y muy vivida hacia dentro, como somos en Castilla».

 

En una entrevista concedida a ‘El Espejo de COPE Burgos’, Jiménez ha explicado que su labor al frente de la Junta consiste en «impulsar, coordinar y mantener el entusiasmo», favoreciendo el trabajo conjunto de las 16 cofradías de la ciudad. En este sentido, ha insistido en la necesidad de dar a conocer mejor el patrimonio, la historia y la riqueza de la Semana Santa burgalesa tanto a nivel local como nacional e internacional.

 

El presidente ha subrayado que, aunque la base de la Semana Santa es la fe —«no se puede entender sin la contemplación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo»—, también constituye un fenómeno más amplio que integra cultura, arte, historia y tradición. «Es un compendio que engloba diferentes aspectos de la vida de la ciudad», ha señalado.

 

Entre las líneas de trabajo actuales, Jiménez ha destacado la apuesta por las nuevas tecnologías y la accesibilidad, con iniciativas como la retransmisión en directo de actos, la presencia activa en redes sociales o la incorporación de lengua de signos. Asimismo, ha avanzado proyectos de digitalización del patrimonio procesional y su adaptación para personas con discapacidad visual.

 

En relación con la vida de las cofradías, ha reconocido la diversidad de situaciones, con algunas más numerosas y otras más vinculadas a barrios concretos y afectadas por la evolución demográfica. En cualquier caso, ha defendido que todas ellas «son reflejo de la realidad de la ciudad» y ha insistido en la importancia de vivir la pertenencia cofrade durante todo el año.

 

Por último, ha señalado que la Semana Santa constituye «una oportunidad magnífica» para acercarse a la fe, sin excluir a nadie y acogiendo motivaciones diversas. «Un cofrade tiene que serlo 365 días al año», ha afirmado, subrayando la dimensión comunitaria y continuada de esta vivencia.