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El Via Crucis del Castillo volvió a congregar en la noche del Lunes Santo a numerosos jóvenes burgaleses en un acto marcado por el silencio, la oración y la luz de las antorchas. La celebración partió desde la iglesia de San Esteban y ascendió por las laderas del parque del Castillo hasta el mirador de la ciudad, en un recorrido que, año tras año, se ha convertido en uno de los momentos más sencillos y emotivos de la Semana Santa local.
Organizado con el impulso de la delegación diocesana de Infancia, Adolescencia y Juventud, junto con voluntarios de la parroquia de San Josemaría Escrivá, este Vía Crucis pone en el centro a los jóvenes, que portan la réplica de la cruz que Juan Pablo II regaló a los jóvenes de todo el mundo y presente en todas las Jornadas Mundiales de la Juventud. Los propios jóvenes animan las distintas estaciones con sus reflexiones y oraciones, centradas en sus problemáticas y anhelos.
«Me ha sorprendido que haya tantos jóvenes», cuenta Lucía, quien ha acudido a la cita «porque otros jóvenes me han invitado». Era la primera vez que participaba en este Via Crucis, que califica como «emotivo y bonito» tanto por las reflexiones y los cantos. La iniciativa busca ofrecer un espacio de encuentro y de vivencia de la fe en clave juvenil, compartir y llevar la cruz de los jóvenes en un ambiente de recogimiento que ilumina la noche burgalesa.
El programa de actos de la Semana Santa en Burgos prosigue esta tarde con el Rosario Penitencial Obrero que recorrerá las calles del barrio de Vega. Contará con los pasos de Jesús Atado a la Columna y el Santo Sudario y partirá a las 20:15 horas desde la sede del Círculo de la calle Concepción. Por la noche, a las 22:15, el Santísimo Cristo de Burgos partirá de la Catedral en el ejercicio de las Siete Palabras.






