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El altar mayor de la catedral de Santa María de Burgos ha acogido en la mañana del Miércoles Santo la celebración de la misa crismal, una de las celebraciones más significativas del calendario litúrgico en la archidiócesis. En ella, numerosos sacerdotes del presbiterio diocesano, así como algunos de los religiosos con presencia en la archidiócesis, han renovado sus promesas sacerdotales, en un gesto que expresa la unidad y comunión con la Iglesia diocesana.

 

La celebración ha estado animada por un coro formado por seminaristas del Seminario diocesano, que con sus voces han acompañado la liturgia en la mañana del Miércoles Santo. Durante el ofertorio, un grupo de laicos ha ofrecido las vasijas que contenían el óleo —aceite de oliva— y el crisma —una mezcla de óleo con aromas o materia olorosa—, que han quedado depositadas sobre el presbiterio, delante del altar mayor.

 

Antes de concluir la celebración, el arzobispo emérito, Mons. Fidel Herráez Vegas, ha bendecido el óleo de los catecúmenos y el óleo de los enfermos, así como ha consagrado el santo crisma, que serán utilizados a lo largo del año en los distintos sacramentos: bautismo, confirmación, ordenación sacerdotal y unción de los enfermos. Este momento, cargado de simbolismo, pone de manifiesto la acción del Espíritu Santo en la vida de la Iglesia.

 

La misa crismal constituye, además, una ocasión especial para subrayar el vínculo entre los sacerdotes y la comunidad a la que sirven, así como para recordar la importancia del ministerio sacerdotal en la vida eclesial.

 

En el contexto de la Semana Santa, esta celebración invita a los fieles a profundizar en el misterio de Cristo, especialmente en su entrega y en el servicio a los demás. De este modo, la Iglesia en Burgos continúa avanzando en estos días centrales del año litúrgico, preparándose para la celebración del Triduo Pascual.