Con la celebración de la Cena del Señor, la Iglesia en Burgos ha iniciado el Triduo Pascual, adentrándose en los días centrales de la fe cristiana. La liturgia del Jueves Santo, celebrada en el altar mayor de la catedral de Santa María, invita a contemplar el amor de Cristo hecho servicio y entrega, convirtiendo esta jornada en el Día del Amor Fraterno.
Durante la celebración, el gesto del lavatorio de los pies ha vuelto a poner de relieve el mandamiento del amor y del servicio, recordando la actitud de Jesús con sus discípulos en la Última Cena. Este signo, profundamente expresivo, invita a los cristianos a vivir desde la entrega y la cercanía a los demás., convirtiendo
La liturgia también recuerda la institución de la Eucaristía, conduciendo a los fieles a contemplar el misterio del amor de Dios, que se hace presente en el pan y el vino hechos Cuerpo y Sangre de Cristo. En este contexto, se ha subrayado también la importancia de la adoración eucarística, prolongada tras la celebración en el monumento, instalado en la capilla de Santa Tecla de la Seo, donde muchos fieles han permanecido en oración tras la celebración eucarística.
Como es tradición, muchos burgaleses y visitantes que han llegado en estos días a la ciudad están recorriendo los diversos templos de la ciudad para realizar la visita a siete monumentos distintos durante la noche del Jueves Santo y la mañana del Viernes Santo. Se trata de una devoción muy extendida que acrecienta la unión de los fieles con Cristo, permitiéndoles acompañarlo en los momentos que recorrió al iniciar su Pasión.
Con esta celebración, la Iglesia en Burgos se adentra en los momentos más intensos de la Semana Santa, que continuarán con la conmemoración de la Pasión del Señor en la liturgia del Viernes Santo y culminarán con la alegría de la Resurrección en la Vigilia Pascual.






