Este miércoles, 11 de febrero, la Iglesia celebra la fiesta de la Virgen de Lourdes, patrona de los enfermos y de las personas que los acompañan y atienden. Con ese motivo, se celebra también la Jornada Mundial del Enfermo, que en nuestro país da inicio a la Campaña del Enfermo, que concluirá con la Pascua del Enfermo, el próximo 10 de mayo, VI Domingo de Pascua.
La Delegación para la Pastoral de la Salud ha organizado una serie de actos para celebrar esta Campaña del Enfermo, que lleva por lema La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro. Uno de estos eventos ha sido la misa celebrada en la memoria de Nuestra Señora de Lourdes. La iglesia parroquial de San Gil, abad, ha acogido la celebración eucarística que ha presidido Fr. Roberto de la Iglesia OCSO, abad del Monasterio de San Pedro de Cardeña.
La parroquia de San Gil, abad, es sede de la Archicofradía de Nuestra Señora de Lourdes de Burgos. De hecho, en una de las capillas laterales se conserva una pequeña recreación de la gruta de Lourdes, que la Archicofradía se encarga de mantener. A la celebración eucarística ha acudido una multitud de fieles, entre los que había personas que están padeciendo alguna enfermedad, así como aquellas que las acompañan, los voluntarios de Pastoral de la Salud, los miembros de la Archicofradía y de la Hospitalidad de Lourdes.
En su homilía, el monje trapense —que es enfermero de profesión— ha recordado cómo la Virgen de Lourdes se apareció a sor Bernardita Soubirous no porque fuera la mejor, algo que ella misma reconoció cuando otra hermana le preguntó por qué se le había aparecido a ella: «No había nadie más pobre y débil que yo», dijo la santa. Un lugar, Lourdes, en el que «se palpa la fe, sobre todo, de los enfermos».
Y es que Nuestra Señora viene en ayuda de los enfermos, aunque el trapense ha señalado que «enfermos somos todos», porque la Virgen «no solo cuida de los enfermos físicos, también de los espirituales. Y ahí, en los enfermos del alma, entramos todos». El monje recordaba cómo la Virgen le dijo a santa Bernardita «ten piedad de los pecadores».
Por eso, ha señalado Fr. Roberto, «tenemos que tener compasión de los demás, pero también de nosotros mismos. Para poder donar la gracia de Dios a los demás, primero tenemos que recibirla nosotros. Uno solo puede dar lo que tiene. Si uno no tiene caridad, no puede ofrecerla».
Por último, ha comentado el Evangelio proclamado, el de la parábola del Buen Samaritano, y ha apuntado cómo «la persona que era mal vista por los judíos es aquella que tiene compasión por aquel a quien no se acerca nadie». «Todos son nuestros prójimos. Aquel que nadie ve, ese es». También ha reflexionado sobre la cultura de hoy en día, que el papa Francisco definió como «cultura del descarte». Frente a ella, el Buen Samaritano «nos pide pararnos y acercarnos».
Al concluir la celebración eucarística, el abad de Cardeña ha bendecido a los enfermos presentes en la celebración eucarística con el Santísimo Sacramento.






