El arciprestazgo de Miranda de Ebro ha celebrado esta semana diversas actividades con motivo de la Jornada Mundial de Oración contra la Trata de Personas, coincidiendo con la festividad de santa Josefina Bakhita, patrona de las víctimas de esta realidad que atenta contra la dignidad humana.
Las actividades han comenzado el miércoles, 11 de febrero, con un cinefórum en torno al documental El proxeneta. Paso corto, mala leche, una producción que muestra la realidad oculta de la explotación sexual y las redes criminales vinculadas a la trata. El documental expone un entramado de violencia, corrupción, asesinatos, trata de seres humanos, blanqueo de dinero, secuestros y extorsiones, poniendo de manifiesto la existencia de un mundo cercano y muchas veces invisible para la sociedad.
Tras la proyección, los participantes han reflexionado junto a Consuelo Rojo, religiosa adoratriz y directora del Secretariado para la Prevención y Protección ante la Trata de Personas, sobre esta problemática social y sobre la necesidad de visibilizar una realidad que afecta a miles de personas en todo el mundo, especialmente a mujeres y niñas, y que constituye una grave vulneración de los derechos humanos.
Las actividades han continuado el jueves, 12 de febrero, con una vigilia de oración organizada por la Comisión de Migraciones del arciprestazgo de Miranda y celebrada en la parroquia del Espíritu Santo. En ella que se ha rezado por los cinco continentes, simbolizados a través de corazones y velas que han representado las súplicas de paz, fe, amor, justicia y esperanza.
La oración se ha articulado a través de textos de cinco salmos, que han guiado la plegaria comunitaria para pedir a Dios la erradicación de la trata de personas, definida como la «esclavitud del siglo XXI». De este modo, la comunidad cristiana ha querido poner rostro y nombre a las víctimas y renovar el compromiso de la Iglesia en la denuncia de esta realidad y en la defensa de la dignidad de toda persona.
Estas iniciativas se enmarcan en el trabajo pastoral y de sensibilización que la Iglesia impulsa de forma constante para promover una cultura del respeto, la justicia y la protección de los más vulnerables, recordando que la lucha contra la trata exige implicación social, educativa y espiritual.






