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Con motivo de la reciente Jornada Mundial del Enfermo, la Pastoral de la Salud ha celebrado una sesión formativa en los salones de la parroquia de Nuestra Señora de Fátima, dirigida a los voluntarios que desarrollan su labor en distintas parroquias del arciprestazgo de Burgos-Gamonal.

 

La ponencia ha sido impartida por Feli Pozo, delegada diocesana de Pastoral de la Salud, bajo el título La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro. A partir de la parábola del buen samaritano, la delegada ha invitado a redescubrir la belleza de la caridad cristiana y la dimensión social de la compasión, especialmente en el acompañamiento a los enfermos.

 

Durante su intervención, Pozo ha señalado que la sociedad actual vive inmersa en la cultura de la inmediatez, las prisas y cierta indiferencia que dificulta el encuentro real con quienes sufren. Frente a ello, ha subrayado la necesidad de detenerse, mirar y dejarse afectar por la realidad del otro.

 

En este contexto, ha planteado algunas cuestiones centrales: «¿Quién es mi prójimo?». La respuesta, ha explicado, es clara: «cualquier necesitado, incluso aquel que no me cae bien». Ser prójimo no depende de la proximidad física o social, sino de la decisión concreta de amar. Amar al prójimo implica mirar, detenerse, prestar atención y dejarse tocar por su sufrimiento.

 

La delegada ha insistido en que el prójimo no es una figura pasiva, sino alguien que sale al encuentro. Para ello, es necesario dejarse mover por el amor de Dios, que permite reencontrarse con uno mismo y con el hermano.

 

La charla ha sido seguida con atención por los asistentes y ha concluido con la llamada a reforzar tres actitudes esenciales en la pastoral con enfermos: ternura, escucha activa y esperanza. El buen samaritano —ha recordado— es quien se detiene ante el sufrimiento, ofrece ayuda concreta y es capaz de amar llevando el dolor del otro.