La luz ha roto la oscuridad en la noche de la Vigilia Pascual en Burgos, dando paso a la celebración más importante para los cristianos. Con el encendido del fuego nuevo, en la escalera Dorada, y del cirio pascual, la Iglesia en Burgos ha iniciado una liturgia cargada de simbolismo que anuncia la Resurrección de Cristo, centro de la fe.
El pregón pascual ha abierto la celebración, proclamando con solemnidad la victoria de la vida sobre la muerte. A continuación, la liturgia de la Palabra ha recorrido los grandes momentos de la historia de la salvación, desde la creación hasta la Pascua, mostrando la fidelidad de Dios a lo largo del tiempo.
Concluida esta parte, ha tenido lugar la bendición del agua y la renovación de las promesas bautismales, un momento especialmente significativo en el que los fieles han sido invitados a renovar su fe. La aspersión con agua bendita ha recordado el don de la vida nueva que brota de la Resurrección.
La celebración ha continuado con la liturgia eucarística, en la que el pan y el vino han sido consagrados, haciéndose presente el Cuerpo y la Sangre de Cristo en la primera Eucaristía desde el Jueves Santo. Este momento ha puesto de relieve la centralidad de la Eucaristía en la vida cristiana.
La Vigilia Pascual ha concluido con el rezo del Regina Cœli. Como es tradición, la Cofradía de las Siete Palabras y del Santísimo Cristo de Burgos ha invitado a los asistentes a compartir un momento fraterno en torno a un chocolate caliente con bizcochos, prolongando así la alegría de la celebración.






