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Fotografías de Rodrigo Mena Ruiz para Archiburgos
La alegría de la Resurrección ha llenado las celebraciones del Domingo de Pascua en Burgos, culminación de la Semana Santa y centro de la fe cristiana. La Iglesia ha proclamado que Cristo vive, un anuncio que transforma la tristeza en esperanza y abre un horizonte nuevo para los creyentes.
Tras la intensidad vivida en los días anteriores, la celebración de este domingo ha estado marcada por un ambiente de gozo y solemnidad. La celebración eucarística en la Catedral ha reunido a numerosos fieles, que han participado en una liturgia en la que el anuncio de la Resurrección ha sido el eje central.
La mañana empezaba pronto en la parroquia de la Sagrada Familia, sede de la Cofradía de Cristo Resucitado, que ha procesionado con el paso hasta la Catedral. Allí, los miembros de la Cofradía han participado en la celebración eucarística del Domingo de Resurrección.
Las lecturas y oraciones han invitado a profundizar en el sentido de la Pascua, recordando que la victoria de Cristo sobre la muerte no es solo un acontecimiento del pasado, sino una realidad viva que transforma la vida de los cristianos. La luz, tan presente en la Vigilia Pascual, se prolonga en este día como signo de la vida nueva.
Tras la celebración eucarística, el paso de Cristo Resucitado ha salido a la plaza de Santa María -bajo una lluvia de pétalos y con el repique de las campanas de la Catedral de banda sonora- para encontrarse con la Virgen de la Alegría, de la parroquia de San Nicolás de Bari. Allí, el grupo de danzas María Ángeles Saiz ha ofrecido sus jotas a las imágenes, junto de la Banda Infantil de Tambores de la Hermandad de la Sangre de Cristo
El acto central de la procesión del Anuncio Pascual ha tenido lugar en la plaza del Rey San Fernando, donde se han leído dos poemas y ha habido un intercambio de ofrendas entre las dos cofradías. Después, la procesión ha continuado hasta la plaza de Alonso Martínez, donde se han despedido y cada paso ha retornado a su templo de origen.
El Domingo de Pascua abre además un tiempo litúrgico de cincuenta días en el que la Iglesia celebra la Resurrección como un único gran día de fiesta. Es un tiempo marcado por la alegría, en el que los fieles son llamados a vivir desde la esperanza y a dar testimonio de la fe en la vida cotidiana.
Parroquias y templos de toda la archidiócesis han acogido celebraciones a lo largo de la jornada, reflejando la participación de la comunidad cristiana en este día central del año litúrgico. Con la Pascua, la Iglesia culmina el camino iniciado en la Cuaresma y celebra el triunfo definitivo de la vida sobre la muerte.






