El Círculo Católico, a través de su Obra Filial Constructora Benéfica, promueve la construcción de 125 viviendas, que será ejecutada por ParqueNorte Infraestructuras,S.L.U, empresa adjudicataria del concurso convocado por la propia Obra Filial.

La Obra Filial, Constructora Benéfica del Círculo Católico nació en agosto de 1909 para dar respuesta a las carencias de vivienda de las familias trabajadoras. Más de un siglo después, esta labor se traduce en la gestión de un parque de 781 viviendas de alquiler, con una renta media de 371 euros al mes/vivienda. El proyecto de Zatorre no constituye una iniciativa aislada, sino la continuidad de una trayectoria residencial que, desde su origen, responde a un modelo de gestión con una finalidad estrictamente social, benéfica y no especulativa, destinando su patrimonio al mantenimiento de las viviendas y a ofrecer alquileres a precios reducidos, al servicio de las familias.

Un proyecto preparado durante años

El pasado 29 de septiembre se formalizó el contrato de obras con ParqueNorte Infraestructuras, S.L.U, empresa adjudicataria del procedimiento de licitación convocado por la Obra Filial. La adjudicación fue aprobada el 15 de septiembre por el Consejo de Gobierno de la ObraFilial, conforme a la propuesta de su Comisión Técnica, tras un riguroso procedimiento de licitación convocado el pasado 19 de febrero. La intervención cuenta asimismo con la preceptiva autorización de la Santa Sede, otorgada el 17 de agosto de 2026. El nuevo conjunto residencial se levantará sobre una parcela de titularidad propia, una vez que ya fueron demolidas las antiguas construcciones existentes. Los inmuebles originales, cuya construcción se inició en 1950, encarnaron el espíritu pionero de la Constructora Benéfica al figurar entre los primeros edificios de viviendas de alquiler social en altura, orientados a la protección de los trabajadores en Burgos, función que cumplieron durante más de siete décadas.

Una nueva manzana residencial

El proyecto sustituirá las antiguas 91 viviendas por una nueva manzana residencial de 125 viviendas en 9 portales, configurando un conjunto moderno, accesible y plenamente integrado en el entorno urbano. Las edificaciones contarán con planta baja más cinco en altura, ático y dos plantas de sótano, destinadas a plazas de garaje y trasteros. Las 125 viviendas incluyen 28 viviendas adaptadas, para facilitar vida autónoma a personas mayores o con movilidad reducida, favoreciendo un entorno accesible e inclusivo y contribuyendo a prevenir situaciones de soledad no deseada o desatención residencial.

21,6M€ y 26 meses de ejecución 

La inversión total asciende a 21.675.338,60 euros, antes de impuestos, que será financiada sin ayudas públicas, mediante recursos propios de la Obra Filial Constructora Benéfica y financiación bancaria. Está previsto que las obras comiencen a finales de octubre, con un plazo de ejecución de 26 meses. La vivienda constituye una de las principales expresiones de la misión social del Círculo Católico, junto a la educación, la formación, la cultura, el deporte y la acción social.

 

Queridos hermanos y hermanas:

Al clausurar el Tiempo de la Creación, la Iglesia –alentada por san Francisco de Asís, hermano de los pobres cuya fiesta se celebra hoy– nos invita a detenernos un instante para contemplar aquello que, quizá por tenerlo siempre delante, hemos dejado de cuidar: el milagro de la vida. La nuestra, la de quienes caminan a nuestro lado y la de esa Casa común que Dios nos ha confiado.

El Papa León XIV, en su mensaje para la XI Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, recuerda la importancia de «contemplar el don de la vida» y «apreciar la tierra que la sustenta», ya que «son modos tangibles de alabar a nuestro Creador». La vida es un don, y cualquier don necesita ser custodiado con el mismo amor con el que Dios lo ha puesto en nuestras manos.

Hay una pequeña escena que, cada mañana, contemplo en la capilla y que, con el tiempo, se ha convertido para mí en una silenciosa parábola. Allí, junto a la luz del amanecer que entra muy despacio, hay una planta que adorna los pies del altar. Cuando la riego, sus hojas recuperan poco a poco su firmeza, su color y su belleza; pero cuando en ocasiones se me pasa hacerlo, la encuentro decaída, como si durante la madrugada hubiera perdido un poco de vida. Basta con mirarla para comprender que hasta lo más pequeño necesita ser cuidado para seguir creciendo. Y quizá también nosotros.

El Tiempo de la Creación trae a nuestra memoria que una planta no crece porque un día determinado la reguemos: necesita agua, luz, paciencia y manos que sepan esperar (incluso cuando parece no tener solución). También la vida necesita ser regada con palabras que alienten, silencios que respeten, perdones que reconstruyan, tiempo entregado, afecto, escucha, gratitud… Necesita pequeños gestos cotidianos que le recuerden que siempre merece la pena crecer.

Cuidar la Creación, tal vez, comienza precisamente ahí, en esos gestos que construyen nuestro día a día. Empieza en el trabajo, cuando elegimos no arrinconar al otro para alcanzar un puesto codiciado; en la familia, cuando dejamos de dar por supuesto el amor cotidiano y volvemos a atender los detalles más pequeños; en nuestras parroquias, cuando hacemos de ellas hogares y no solamente lugares de paso; en nuestras amistades, cuando permanecemos cerca, aunque no haya nada que recibir a cambio; junto a quienes viven en situación de pobreza, donde descubrimos a personas cansadas que necesitan nuestra presencia y escucha antes que cualquier pregunta.

San Francisco lo comprendió de una manera extraordinariamente sencilla y profunda. Cuenta la tradición que el Poverello de Asís, antes de su conversión, se encontró con un leproso, sintió repugnancia y quiso apartarse de él. «Cuando estaba en pecado, me parecía demasiado amargo ver a los leprosos», relataba él mismo en su testamento. «Y el Señor mismo –confiesa– me condujo entre ellos, y les mostré misericordia». Desde entonces, sintió una profunda compasión por los enfermos, acercándose a cada uno de ellos, dándoles limosna, abrazando y besando sus llagas. Aquello que antes le resultaba despreciable ante sus ojos, comenzó a transformarse en dulzura: «Y al acercarme a ellos, lo que me había parecido amargo se transformó en dulzura de alma y cuerpo» (Testamento).

En esta escena hay un detalle esencial: Francisco no cambió primero el mundo que tenía ante sus ojos, sino su manera de mirarlo y de actuar ante un hecho concreto que pasaba desapercibido. Al igual que para llegar a llamar «hermana» a la Tierra y «hermano» al Sol, primero tuvo que aprender a mirar con un corazón reconciliado.

El Papa, en su carta para esta Jornada, manifiesta que «el corazón humano resulta ser el lugar donde se llevan a cabo las más duras batallas» y donde se enfrentan nuestros deseos «entre el amor y la indiferencia, la verdad y la ilusión, la justicia y la injusticia (St 1, 14-15)». Y, quizá, esta sea una de las grandes preguntas que nos enseña el Tiempo de la Creación: ¿qué estamos dejando crecer dentro de nosotros? Porque cuando el corazón se vuelve de piedra, también se endurece nuestra relación con cuanto nos rodea.

Le pedimos a la Virgen María que Dios vuelva a hacer de nuestro corazón una tierra buena, para que sea fecundo y todo cuanto toque pueda comenzar de nuevo a florecer.

Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga.

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos

 

 

 

 

 

 

 

Con motivo de la celebración de la Festividad de los Santos Ángeles Custodios, patronos del Cuerpo Nacional de Policía, el arzobispo de Burgos, don Mario Iceta, ha presidido una eucaristía en la que ha pedido al Señor por todos ellos y por sus familias “que comparten muchas veces las preocupaciones, los horarios difíciles, las ausencias y la incertidumbre” y ha recordado, de forma especial, a los compañeros que han fallecido, especialmente a aquellos que perdieron su vida cumpliendo su deber,“ Que el Señor los reciba en su Reino y conceda consuelo y esperanza a sus familias”, ha señalado.

En su homilía, ha querido resaltar que la autoridad, cuando se vive desde el Evangelio, consiste en estar al servicio de los demás y, la verdadera grandeza no está en imponer, sino en proteger, en respetar en poner la autoridad al servicio del bien común. Y ha ensalzado su vocación profesional, porque en palabras del Arzobispo “Ser Policía Nacional significa, en muchos momentos, ser quien llega cuando otros tienen miedo. Significa proteger a quien está en peligro, ayudar a quien está perdido, intervenir cuando se está cometiendo una injusticia, acompañar a una víctima y, tantas veces, realizar una tarea silenciosa que quizá nadie llegue a conocer”.

El salmo: «Guíame, Señor, por el camino eterno», lo ha descrito d Mario como una hermosa oración para quien tiene una misión de servicio. “Porque también vosotros necesitáis ser guiados. Necesitáis sabiduría para tomar decisiones, serenidad en los momentos difíciles, fortaleza para afrontar el peligro, prudencia para tratar con cada persona y humanidad para no acostumbraros nunca al sufrimiento ajeno”.

Santos Ángeles Custodios

D Mario ha descrito al ángel custodio como aquel que acompaña, protege y vela. Y esa imagen puede ayudarnos a comprender también vuestra misión: estar atentos a los demás, especialmente a quienes se encuentran en una situación de vulnerabilidad. Y por ello, les ha señalado lo especialmente significativo que resulta que sean sus patronos los ángeles custodios, motivo por el cual les ha pedido que los acompañen siempre, protejan sus vidas, sus familias y su servicio.

El Arzobispo ha firmado en el el Libro de Peregrinos de la Ermita de San Amaro, situada junto al Hospital del Rey

 

 

Durante la inauguración del curso académico 2026-2027 de la Facultad de Teología, presidida por el Arzobispo de Burgos, d Mario Iceta,  el Dr. José Luis Cabria Ortega ha tomado posesión como nuevo decano, la lección magistral ha corrido a cargo del catedrático de Sagrada Escritura, Dr. José Luis Barriocanal Gómez y se ha dado a conocer la Memoria del curso pasado, donde ha quedado reflejado que más de 2.500 alumnos han tenido vinculación con la Facultad de Teología durante el pasado curso.

El desarrollo de la Bienal en la Sala Venerables y en la Sala Capitular ha sido posible gracias a la colaboración entre la empresa Batea Restauraciones y la Archidiócesis de Burgos, quienes impulsaron el pasado año 2025 la rehabilitación de ambos espacios con fines culturales