Bajo el lema «75 años caminando en morado»
Bajo el lema «75 años caminando en morado»
A las 19:00 horas comenzará el traslado desde la Plaza de Santa Águeda Permanecerá en el Convento hasta el próximo viernes, 23 de octubre y el sábado será llevada en procesión a la Catedral
En Burgos se ha desarrollado el 20 de octubre en la Parroquia de San Martín de Porres y del 6 al 8 de noviembre será en la Parroquia de San Pedro y San Felices En Salamanca, los próximos días 21 y 22 de octubre en la Universidad Pontificia En Madrid on line a través de la Conferencia Episcopal
Durante la XXIV edición de las Jornadas Regionales de Cáritas Castilla y León que se ha celebrado en Burgos y ha congregado durante dos días a más de 200 voluntarios y técnicos Una jornada en la que se ha presentado el estudio «Habitar entre la precariedad y la exclusión»
Queridos hermanos y hermanas:
Hay fechas que van ligadas directamente al calendario de los días y otras que, de algún modo, pertenecen al corazón: mañana, 12 de octubre, es una de ellas. En torno a la Virgen del Pilar, España y los pueblos de Hispanoamérica volvemos a reconocernos unidos por una historia compartida, por una herencia común y por unos lazos que traspasan el paso del tiempo: la fe, la lengua, la cultura, tantas tradiciones y, sobre todo, el deseo de seguir encontrándonos como pueblos hermanos que han intercambiado tantos dones. Porque en la mesa de Cristo nadie es extranjero.
La Virgen María es una Madre que une, que congrega a todos sus hijos en torno a su delicadeza y misericordia. Así, la liturgia nos invita a contemplar su ejemplo, a quedarnos en su mirada, a permanecer a su lado. Porque el Pilar no es solamente la columna sobre la que se posa la Virgen, es una imagen sagrada de lo que estamos llamados a ser: hombres y mujeres capaces de sostener al hermano que sufre, de tender puentes donde falta la esperanza y de hacer de nuestras diferencias un lugar de encuentro, acogida y paz verdadera.
El peso vigoroso de la historia asentó un océano inmenso entre España y América, pero el Evangelio moldeó un puente por el que Dios nos enseñó a cruzarlo. Bajo el precioso manto de la Virgen caben infinidad de pueblos, de lenguas, de culturas, de rostros y de historias. Caben quienes nacimos aquí y quienes llegaron de muy lejos; quienes llevan generaciones caminando dignamente por estas tierras y quienes un día cruzaron un mar eterno buscando una vida nueva. Todos caben en la casa de María, porque todos cabemos en el corazón de Cristo.
Cuando la fe llega a una tierra nueva, comienza una historia por nacer, una meta por descubrir, una página por escribir. Una raíz común ha unido los dos continentes, bañada por la fe en un Dios que nos quiere humanos y, sobre todo, hermanos. El cristianismo, merced a esta fraternidad, encontró otras culturas, otras sensibilidades y otras maneras de expresar la esperanza y el amor a la vida. Y la semilla que se plantó en aquellos campos creció hasta convertirse también en una Iglesia viva, fecunda y profundamente mariana.
Hoy, desde esta profundidad escondida en los ojos de nuestra Madre, podemos contemplarlo con gratitud, esperanza y humildad. María nos recuerda que ningún pueblo existe solamente para sí mismo, que nadie recibe un don para guardarlo y que todo lo que Dios pone en nuestras manos está llamado, de algún modo, a convertirse en regalo para los demás. Hoy, España y América seguimos donándonos mutuamente y estamos llamados a tejer puentes y lazos cada vez más sólidos de ayuda y colaboración fraternas. América está entre nosotros. Está en nuestras parroquias, en nuestras comunidades cristianas, en nuestras familias, en nuestros barrios, en nuestros trabajos y en nuestras calles. Está en el joven que se sienta a nuestro lado en el banco de la parroquia, en la madre que pone una vela antes de la Eucaristía por su hijo, en la anciana que reza a la misma Virgen, en la mujer que lleva a Misa cada día a la anciana que cuida, en la familia que celebra la fe con otras músicas, otras costumbres, pero con el mismo Dios.
Hoy, los pueblos de Hispanoamérica forman parte de la vida cotidiana de España y contribuyen de muchas maneras al bien común. Son hombres y mujeres que trabajan, emprenden, velan de nuestros mayores, sostienen familias, levantan negocios, trabajan en nuestros campos, en nuestros comercios, en la hostelería, en los servicios, en la sanidad y en tantos otros ámbitos de nuestra economía y de nuestra sociedad. ¡Cuántas familias pueden vivir con mayor tranquilidad porque alguien está junto a sus padres o abuelos cuando ellos no pueden hacerlo! ¡Y cuántos hogares conocen, gracias a esas personas, que cuidar no consiste únicamente en atender unas necesidades básicas, sino en acompañar una vida!
Acoger es hacerle sentir a un hermano que tu casa es, también, la suya. Le pedimos a la Virgen del Pilar por España y los pueblos de Hispanoamérica, para que sepamos mirarnos desde la cercanía de quienes han descubierto que tienen mucho que darse y tanto para compartir. Y que Ella, que es Madre de todos sus hijos, nos enseñe a ser hermanos.
Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga.
+ Mario Iceta Gavicagogeascoa
Arzobispo de Burgos
Este sábado, 17 de octubre, el Seminario Diocesano de San José ha acogido una nueva reunión del Consejo Pastoral Diocesano. Este consejo consultivo se ha reunido por primera vez en lo que va de curso para abordar el trabajo que se está realizando respecto a las prioridades pastorales marcadas por el Plan Pastoral Diocesano. Entre los asuntos abordados han destacado la formación y la implementación del proceso sinodal en la diócesis de Burgos.
La reunión ha comenzado con la lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Efesios 1,15-23 y, con motivo de la celebración del día de San Ignacio de Antioquía, se ha recitado su oración. Tras ella, el arzobispo ha dado la bienvenida a los miembros del Consejo Pastoral y José Luis Lastra Palacios, vicario de Pastoral, ha presentado a las nuevas personas que forman parte del Consejo. Tanto la hermana María Rosa Martín Peña, presidenta de CONFER e Inmaculada López Abia, delegada de Familia y Vida además de COF, han asumido estas nuevas responsabilidades, aunque ya eran miembros del Consejo durante su representación en el Arciprestazgo de Vega. También han mencionado a María Martínez Villares, directora de comunicación de la Archidiócesis, a dos nuevos arciprestes, Emilio Maestro Manzanal y Carlos Alonso Núñez y al nuevo delegado de Patrimonio, cultura y arte, Raúl Abajo González.
El primer tema del orden del día ha sido el marco para situarnos en el curso 2026-2027, con las prioridades pastorales, los próximos encuentros que tendrán lugar en Burgos y la campaña diocesana sobre ecología integral que ya está en marcha.
En cuanto a la implementación del proceso sinodal universal en Burgos, se ha puesto de manifiesto un calendario de evaluación que comenzará el próximo año, desarrollando la Asamblea Sinodal en la diócesis de Burgos que ya tiene fecha prevista: el sábado 17 de abril. Lucía Ferreras – miembro del equipo sinodal diocesano- ha sido la encargada de aportar los materiales para dicha implementación.
En cuanto prioridades formativas, se ha dado a conocer la oferta de formación existente actualmente y se ha llevado a cabo un trabajo en grupos, donde se han abordado diferentes aspectos con un fin común: dar pasos concretos en despertar el interés, acercar, coordinar y difundir las variadas ofertas formativas existentes en los diversos niveles de nuestra iglesia. Para ello, después de las reuniones, cada uno de los grupos ha expuesto las ideas que han quedado reflejadas en un documento de trabajo.
Después de poner sobre la mesa las mejoras que puedan realizarse para mejorar la comunicación interna, el arzobispo, don Mario Iceta ha valorado positivamente este Consejo Pastoral Diocesano, resaltando que se ha hecho un buen análisis y ha ofrecido a todos los presentes dos consejos a tener en cuenta “no tener prisa en plantear objetivos para poder cumplirlos y trabajar en equipo”.
Queridos hermanos y hermanas:
Toda misión comienza cuando aprendemos a ser uno con Cristo y, por y para Él, uno con el hermano. El Señor, antes de enviarnos –en Espíritu y en Verdad (cf. Jn 4, 24)– por los caminos del mundo, nos invita a permanecer en Él; y antes de pedirnos que vayamos por todo el mundo a anunciar el Evangelio a toda la Creación (cf. Mc 16, 15), nos enseña a entrar en el corazón de Dios. Así, sólo cuando dejamos que Cristo nos adhiera a Él, somos capaces de descubrir que nunca nos llama para nosotros mismos, sino para los demás; hasta que no quede en el mundo un solo horizonte deshabitado, hasta ser uno en su Amor: «Para que todos sean uno; como Tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros» (Jn 17, 21).
Hoy celebramos el centenario del DOMUND, la Jornada Mundial de las Misiones, con el lema Uno en Cristo, unidos en la misión. El recuerdo agradecido de quienes han hecho que la misión sea su propia vida, que se donan sin descanso en tantos lugares donde la vida se abre paso entre dificultades, penurias y carencias, nos recuerda que el Evangelio nunca es indiferente ante la realidad. Ellos nos revelan que, cuando Cristo entra en la vida de una persona, transforma aquello que la rodea. Y así, a través de su entrega silenciosa, los sueños de Dios van haciéndose realidad donde más se necesita: en lugares donde se lucha por la dignidad, por la salud, por la educación, por el pan de cada día, por el conocimiento del amor de Dios y su plan de salvación.
Como sucede con todos y cada uno de los misioneros, Dios pronuncia nuestro nombre antes incluso de que nosotros sepamos quiénes somos: «No temas, que te he redimido, te he llamado por tu nombre» (Is 43, 1). Es más, llega a decirnos después: «Tú eres mío». Nos llama, nos reconoce como Suyos y, precisamente porque somos Suyos, nos envía hacia los demás. Nos conoce cuando todavía caminamos a tientas, cuando no sabemos qué hacer con nuestra vida, cuando ni siquiera somos capaces de reconocer aquello para lo que hemos sido llamados.
San Pablo nos recuerda que Él nos ha elegido (cf. Col 3,12), y así nace la vocación: de una mirada que nos precede, de un Amor que nos conoce, nos espera y nos llama. Pero toda llamada lleva consigo un envío, así como todo encuentro verdadero con Cristo abre una puerta hacia el hermano. Quien se deja encontrar por Él, comienza –casi sin darse cuenta– a mirar, a escuchar, a sentir, a creer y a acercarse de otra manera. Porque cuando el corazón se hace uno con Cristo, ya no puede permanecer indiferente ante el dolor de sus hermanos.
Esta celebración, por tanto, perpetúa que la misión nace del corazón mismo de la Iglesia. Cien años de caminos recorridos, de fronteras atravesadas y de vidas entregadas por amor. Cien años de hombres y mujeres que dejaron su tierra para anunciar a Cristo y acompañar a pueblos y comunidades que, muchas veces, viven en medio de la pobreza, la enfermedad, la soledad, el miedo o la falta de recursos. Cien años en los que la Iglesia ha querido recordarnos que el Evangelio no puede quedarse encerrado en nuestras iglesias, en nuestras casas o en nuestros corazones. La fe, cuando es verdadera, busca un camino hacia el otro.
Ser misionero es amar donde nadie espera encontrar amor. Porque detrás de cada historia, hay un hijo amado de Dios. Este centenario, por tanto, nos invita a mirar con gratitud a quienes han entregado su vida a la misión. Por hacerse presentes allí donde más se necesita una palabra de esperanza, una mano tendida, una escuela, un hospital, una comunidad, una oración o, sencillamente, alguien que permanezca al lado cuando todos los demás se han ido.
Cuando aprendemos a mirar al otro con los ojos de Cristo, dejamos de encontrar extraños y comenzamos a reconocer hermanos. Entonces, la misión deja de ser una determinada labor para convertirse en aquello que verdaderamente somos: un solo corazón que aprende a llevar el Amor del Señor hasta los confines de la Tierra.
Que María nos enseñe a ser uno en Cristo y a llevarlo donde más se necesita, hasta hacer de nuestra propia vida un camino de misión, un camino de misericordia.
Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga.
+ Mario Iceta Gavicagogeascoa
Arzobispo de Burgos
La entidad reconoce a las personas, familias, profesionales e instituciones que han formado parte de estas tres décadas y media de historia en un acto celebrado en el Monasterio de San Agustín que ha unido a administraciones, empresas y asociaciones
Burgos sigue siendo solidaria. En 2025 se recaudaron 141.434,82€
El movimiento Encuentro Matrimonial ha organizado “ fin de semana” para matrimonios y parejas los días 13, 14 y 15 de noviembre en la Residencia de Miraflores en Burgos.
Está dirigido a matrimonios y parejas estables que aspiran a mantener viva su relación y es una ocasión para estar juntos, alejados de todos los agobios y preocupaciones de la vida diaria, examinar sus vidas y revisar su relación.
Todas las parejas interesadas pueden obtener información e inscribirse en los siguientes correos electrónicos o en el teléfono 628 086 456
El Fin de Semana se pude realizar presencial en la Residencia Miraflores de Burgos y también on line.
burgos@encuentromatrimonial.es
Cantabria@encuentromatrimonial.es
El Encuentro Matrimonial en Burgos es un movimiento católico y laical que ofrece experiencias y retiros de fin de semana para fortalecer la comunicación, el diálogo y el amor en matrimonios, parejas de hecho, novios, sacerdotes y religiosos, independientemente de sus creencias
Cuando iniciamos una relación de pareja, todos tenemos un sueño: ser felices juntos.
Pero, tanto si estáis al principio de la relación, como si tenéis un matrimonio o una relación consolidada en el tiempo, habréis descubierto que eso de ser felices no viene «de serie» y que es fácil relegar esos sueños de felicidad y conformarse con «estar bien» o «ir tirando».
No obstante, en Encuentro Matrimonial no nos conformamos con vivir una relación rutinaria y monótona. Creemos firmemente que el amor para toda la vida es posible y que merece la pena esforzarse por vivir ese sueño que nos unió. Y sabemos que conseguirlo está en nuestras manos.
Si vosotros también queréis…
entonces… ¡bienvenidos!
https://encuentromatrimonial.com/