Luis Renedo, celebrando este pasado Domingo de Ramos en la parroquia de San Lorenzo, en Cigüenza, y en la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora, en Ahedo de Linares.
La Semana Santa vuelve a convertirse en el eje de la vida de los pueblos del norte de la provincia, donde la dispersión geográfica y el envejecimiento de la población obligan a redoblar esfuerzos para sostener la vida litúrgica. Así lo cuenta el sacerdote diocesano Luis Renedo Juárez, de 34 años y vicario parroquial en Villarcayo, que atiende hasta 27 parroquias en un amplio territorio que abarca desde la carretera de Bilbao hasta las merindades de Valdeporres y Sotoscueva, en el norte de la provincia y de la archidiócesis.
«La Semana Santa no solo es el momento central de nuestra fe, sino el pistoletazo de salida de la vida de estos pueblos», ha señalado, en referencia al retorno de muchos vecinos que emigraron al País Vasco —sobre todo, a Bilbao— y que ahora, en Semana Santa regresan temporalmente a sus lugares de origen, hasta principios de noviembre. En este contexto, la organización de las celebraciones exige una planificación minuciosa para «intentar llegar a lo máximo posible a los fieles y que puedan disfrutar de alguna celebración, por lo menos en su parroquia o en un lugar próximo».
Hoy, Jueves Santo, las celebraciones se distribuyen por distintos templos, con el lavatorio de los pies en una de las parroquias y una sucesión de oficios que culminan en Torme, donde después se celebra una Hora Santa. El Viernes Santo combina momentos dirigidos a los más jóvenes —como la oración con niños de catequesis en Villarcayo— con viacrucis en distintos pueblos, muchos de ellos guiados por laicos, y concluye con la procesión del Santo Entierro.
La Vigilia Pascual, núcleo de la celebración cristiana, se concentra cada año en una parroquia distinta —este año en Mozares—, cuidando que nadie quede excluido por dificultades de movilidad. Desde el Consejo Pastoral se encargan de recordar a los fieles que «hay varias personas en las parroquias que tienen taxi para acercar a la gente», ha explicado, en alusión a una población mayor que encuentra dificultades para desplazarse de noche.
El Domingo de Pascua recupera el ritmo habitual de las celebraciones dominicales, con tres misas repartidas por el extremo oeste, la zona central de Merindad de Castilla la Vieja y Valdeporres, donde es tradición la procesión del Encuentro en Puentedey, preparada por los propios vecinos.
A pesar de las limitaciones, la implicación de los fieles y la colaboración de los laicos permiten sostener una Semana Santa viva. «La comprensión de la gente al ver un horario lleno de celebraciones es grande, pero siempre me gustaría llegar a más», ha reconocido el sacerdote. En un entorno marcado por la despoblación, la fe se mantiene gracias a una red de pequeñas comunidades que, con sencillez, siguen celebrando el corazón del calendario litúrgico.






