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José Ramón, Marlon, Gabriel y Rodrigo llegaron nerviosos, como que la tarde les deparara algo importante. Se hicieron de rogar, ya que a veces los permisos para los traslados internos dentro del centro penitenciario son largos y tediosos… Pero por fin llegaron y allí les esperaban expectantes varios voluntarios de la Pastoral Penitenciaria y el obispo emérito de Ciudad Rodrigo, Mons. Raúl Berzosa, que desde su gratitud y amabilidad hizo que los nervios iniciales se convirtieran en tranquilidad y serenidad, para recibir desde el corazón los sacramentos del bautismo y la confirmación.

 

A veces, los centros penitenciarios son espacios de desesperanza, de angustia, de soledad, de desilusión, de desconfianza, de intimidación…Por desgracia, el día a día encerrado entre muros, normas, horarios y puertas infranqueables hacen que la vida allí no genere ninguna expectativa de futuro.

 

Pero el pasado 4 de julio, de repente y gracias a la fuerza del Espíritu, cuatro internos del centro penitenciario de Burgos recibieron el sacramento de la confirmación y dos de ellos además el sacramento del bautismo. En los últimos meses estos internos has sido preparados y acompañados por varios voluntarios de la Pastoral Penitenciaria y por uno de los capellanes del centro penitenciario, Ángel Arenas.

 

Esa tarde, iluminada por la fe, fue un momento de ilusión, de amabilidad, de generosidad, de paz, de gratitud, de alegría… Pero, sobre todo, fue una tarde de esperanza dentro de los muros, donde la Palabra de Dios hizo que todo lo que parece perdido y oscuro se convierta en luz.