Nueve sacerdotes nacidos en la provincia de Burgos serán beatificados el sábado, 7 de noviembre, en una ceremonia que tendrá lugar en la S.I.B. Catedral de Santander y que estará presidida por el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, en representación del Papa León XIV, que firmó el decreto de reconocimiento del martirio el 22 de mayo. Hasta allí se desplazará don Mario Iceta, arzobispo de Burgos para asistir a dicha celebración de las beatificaciones de 80 testigos de la fe que entregaron su vida por Cristo, muriendo en Cantabria entre agosto de 1936 y septiembre de 1937 y dando testimonio de fidelidad al Evangelio hasta el martirio.
Entre los nuevos beatos destacamos de manera especial a los sacerdotes mártires vinculados por su nacimiento a nuestra Archidiócesis :
- Lucas Mena Angulo, natural de Entrambasaguas de Mena.
- José López Torres, natural de Vallejuelo de Mena.
- Lino Velasco Ruigómez, natural de Villasana de Mena.
- Lino López Ruiz, natural de Santa Gadea de Alfoz.
- Bonifacio Angulo González, natural de Valpuesta.
- Pedro Díez Delgado, natural de Belorado.
- Abdón Muñoz López, natural de Los Balbases.
- Luis Moreno Escudero, natural de Briviesca.
- Hermano Maximino de la Virgen del Carmen, natural de Burgos capital.
De los 80 mártires que integran la Causa, el más joven es el hermano Maximino de la Virgen del Carmen, OCD. Tenía 20 años. Y era novicio. En aquella época, los novicios, hermanos laicos, hacían 2 años de noviciado. Ingresó en el convento de la Orden del Carmelo Descalzo en mayo de 1935.
Desde la Archidiócesis de Burgos se contempla el testimonio de una vida entregada a Dios y al servicio de los hermanos. Su martirio, lejos de ser un signo de derrota, manifiesta la fuerza de una fe que no renuncia a Cristo ni siquiera ante la amenaza de la muerte. La Iglesia los propone hoy como testigos de una fidelidad que nace del amor y que encuentra en el Señor su fundamento y su esperanza.
Para la Archidiócesis de Burgos, esta celebración reviste un significado particular. Estos mártires forman parte de nuestra historia espiritual y constituyen un patrimonio de fe que estamos llamados a conservar, conocer y transmitir. Sus nombres están unidos a pueblos y parroquias concretos de nuestra geografía diocesana; por ello, su beatificación puede convertirse en una oportunidad para redescubrir nuestras raíces cristianas, agradecer la fe recibida y suscitar en las nuevas generaciones el deseo de vivir el Evangelio con autenticidad y valentía.
Con esta beatificación, los fieles católicos podrán encomendarse a Dios por intercesión de los nuevos beatos burgaleses, confiándoles sus necesidades, preocupaciones y súplicas y pidiendo su ayuda espiritual.






