Fotografías de Vatican Media
En el marco de su viaje apostólico a África, el papa León XIV ha visitado este lunes por la tarde el Centro de Acogida y Amistad de las Hermanas Misioneras Agustinas, situado en Bab El Oued, en la provincia de Argel, donde ha recordado el testimonio de las religiosas asesinadas durante la guerra civil argelina. En este contexto, ha subrayado que «es posible vivir en paz, valorando las diferencias».
El encuentro, muy esperado por la comunidad, ha tenido un carácter privado y ha reunido a varias religiosas de las dos comunidades agustinas presentes en la capital argelina. El Santo Padre ya conocía este lugar por visitas anteriores, cuando era prior general de la Orden de San Agustín, lo que ha conferido al momento un tono cercano y familiar.
Durante su estancia, León XIV ha rendido homenaje a sor Esther Paniagua y sor Caridad Álvarez Martín Alonso, asesinadas el 23 de octubre de 1994 cuando se dirigían a participar en la celebración eucarística. Ambas forman parte de los 19 mártires de Argelia, beatificados en 2018. El Papa ha recordado su testimonio como ejemplo de entrega y fidelidad, destacando que estos mártires constituyen «una presencia preciosa en esta tierra» y un signo de lo que significa el testimonio cristiano.
Natural de Santa Cruz de la Salceda
Caridad, más conocida como Cari, nació en el pueblo burgalés de Santa Cruz de la Salceda el 9 de mayo de 1933 y era la penúltima de doce hijos. Ingresó en la congregación de las Agustinas Misioneras en el año 1955 e hizo su profesión temporal el 26 de abril de 1957. Pronto fue destinada a Argelia. Emitió los votos perpetuos el 3 de mayo de 1960. Su delicada salud le hizo retornar a España un tiempo, pero una vez recuperada regresó al país africano, donde se dedicó a la acogida de todos los que llegaban a la casa, tenía a punto todo cuando las hermanas regresaban del trabajo, dedicaba parte de su tiempo a atender a los niños que iban a estudiar a la casa y por las tardes preparaba un té que servía a un grupo de ancianos cristianos y musulmanes que acudían al hogar del anciano, según cuentan sus compañeras.
La oleada de violencia que se desató en los 90 en Argelia, y que afectó principalmente a los religiosos misioneros, fue tan extrema que el obispo de Argel, Mons. Henri Teissier, recomendó a las comunidades religiosas que se plantearan su marcha. La hermana María Jesús Rodríguez, entonces superiora provincial de las Agustinas Misioneras, viajó hasta Argel para discernir con la comunidad sobre su futuro. Tras unos días de reflexión, las tres integrantes de la comunidad decidieron libremente continuar en Argelia «por fidelidad al Evangelio, por amor al pueblo argelino que les había acogido, porque ellas estaban compartiendo fe y vida con ese pueblo y no querían huir sino correr su misma suerte», según explica la religiosa, que vivió directamente el martirio de Caridad y Esther.
Finalmente, en 2018, Caridad fue beatificada en la Basílica de Santa Cruz de Orán junto con otros 17 mártires asesinados en Argelia entre 1994 y 1996, entre ellos el que fuera obispo de dicha diócesis, Mons. Pierre Claverie y la también agustina misionera Esther Paniagua Alonso, de Izagre (León), que fue abatidas a tiros junto con Caridad en 1994 cuando se dirigían a misa.
«Es posible vivir en paz»
Tras un momento de oración compartido con las religiosas, el Pontífice ha dirigido unas palabras en las que ha puesto en valor la espiritualidad agustiniana, especialmente en lo que se refiere al respeto a la dignidad de cada persona. En este sentido, ha recordado que san Agustín sigue mostrando hoy que «es posible vivir en paz, valorando las diferencias».
El Papa ha agradecido también la labor que las hermanas realizan en este centro, donde se desarrollan diversas actividades formativas y sociales dirigidas a niños, jóvenes y mujeres. En el encuentro han participado también algunas usuarias del centro, que han querido saludar al Santo Padre y entregarle varios obsequios como signo de cercanía y gratitud.
La visita ha concluido con un gesto de reconocimiento a una presencia discreta pero significativa de la Iglesia en un contexto marcado por la historia reciente, en el que el testimonio de los mártires sigue siendo semilla de esperanza.






