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Las XVII Jornadas de Diálogo Cristiano-Musulmán han reunido los días 25 y 26 de mayo en Burgos a representantes del ámbito académico, religioso, social y educativo para profundizar en el significado y los desafíos de la libertad religiosa. Organizadas por la Delegación de Pastoral para las Migraciones y la Movilidad Humana, la Delegación para el Ecumenismo y las Relaciones Interconfesionales y el Grupo de Conocimiento y Diálogo Cristiano-Musulmán, las sesiones han abordado tanto los fundamentos de este derecho como su aplicación práctica en la realidad burgalesa.

 

La primera jornada, presentada por la delegada diocesana de Pastoral para las Migraciones y la Movilidad Humana, Hilda Vizarro, ha estado dedicada a reflexionar sobre qué es y qué implica la libertad religiosa, tomando como referencia el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

 

La ponencia desde la perspectiva católica ha corrido a cargo de Román Ángel Pardo Manrique, sacerdote burgalés, profesor de la Facultad de Teología del Norte de España, Sede de Burgos y decano de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca. Durante su intervención ha defendido que la libertad constituye uno de los rasgos que más asemejan al ser humano a Dios. «Somos libertad en libertades», ha afirmado, destacando el carácter relacional de la persona.

 

Pardo ha explicado la evolución que ha experimentado la comprensión de la libertad religiosa en la Iglesia católica hasta su reconocimiento explícito en el Concilio Vaticano II mediante la declaración Dignitatis humanae, que reconoce la libertad de conciencia y de religión tanto para las personas como para las comunidades, en el ámbito privado y público. También ha recordado el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos y ha subrayado que la verdad exige debate y pluralidad, alejándose tanto del relativismo como del fundamentalismo.

 

Como síntesis de su reflexión, ha recuperado una conocida afirmación de san Juan Pablo II: «El derecho de los derechos es la libertad religiosa», porque expresa la capacidad específicamente humana de adherirse libremente a la fe. Inspirándose en el pensamiento del teólogo Olegario González de Cardedal, ha concluido que la cuestión de Dios no pertenece únicamente al ámbito religioso, sino también al civil y al humano.

 

La visión musulmana ha sido presentada por Aziz Messaoudi Rhamssoussi, presidente de la Federación Islámica del País Vasco, educador social y doctorando en Ciencias Sociales. Basándose en dos textos coránicos —«no hay coacción en la religión» y «la verdad proviene de vuestro Señor: quien quiera, que crea; quien no, que no crea»— ha defendido que la fe no puede imponerse y que la diversidad forma parte del designio divino.

 

Entre las ideas desarrolladas ha destacado que la libertad religiosa no implica relativismo, que la dignidad humana constituye su fundamento, que existe el riesgo de instrumentalizar la religión y que la auténtica prueba de la libertad consiste en proteger a quienes no comparten las propias convicciones. También ha señalado que el diálogo es un camino imprescindible para la convivencia y ha recordado algunos ejemplos de los primeros años del islam, como el llamado Tratado de Medina, que reguló la convivencia entre distintas comunidades religiosas.

 

Tras las ponencias se ha desarrollado un coloquio sobre cuestiones como la confesionalidad de los Estados, la educación concertada, la interpretación de las fuentes religiosas o la conveniencia de los funerales de Estado civiles o religiosos. La jornada ha concluido con una cena de hermandad entre organizadores y ponentes.

 

Realidad de la libertad religiosa en Burgos

La segunda sesión se ha centrado en analizar la situación concreta de la libertad religiosa en Burgos. La concejal de Servicios Sociales e Inmigración, Milagros del Campo, ha considerado que este derecho existe en la ciudad «a grandes rasgos, sí», aunque ha señalado diversos retos pendientes. Como ejemplos de avances ha mencionado la existencia de una zona de enterramiento musulmán en el cementerio municipal, la colaboración con distintas confesiones religiosas, la adaptación de menús escolares o la coordinación con asociaciones de inmigrantes.

 

La visión social ha sido completada por Licia Moreno, psicóloga sanitaria de ACCEM, quien ha destacado la ausencia de guetos en la ciudad y la consideración del factor religioso en el ámbito sanitario, aunque ha advertido de algunos casos de discriminación laboral y del aumento de mensajes racistas e islamófobos en redes sociales.

 

Por su parte, Blanca Elena Franco, orientadora del colegio Santa María la Nueva y San José Artesano, ha presentado la experiencia de un centro con 1.550 alumnos, de los cuales un 15 por ciento procede de familias migrantes pertenecientes a 23 nacionalidades distintas. Según ha explicado, la diversidad religiosa forma parte de la vida cotidiana del colegio y se desarrolla en un clima de convivencia, con propuestas formativas y celebrativas ofrecidas siempre de manera libre.

 

La mesa se ha completado con el testimonio de la estudiante universitaria Ryme Chaltout, quien ha agradecido la comprensión mostrada por numerosos profesores y la buena convivencia general existente en Burgos. No obstante, también ha reconocido que el uso del velo islámico limita en ocasiones sus oportunidades laborales y que, a veces, siente que debe «elegir entre religión y convivencia».

 

Durante el diálogo final se han identificado algunos desafíos de futuro: mejorar el conocimiento mutuo entre confesiones, dar visibilidad a las distintas festividades religiosas, formar a los trabajadores públicos, facilitar espacios adecuados para el culto cuando sea necesario y promover una educación basada en la libertad y el pluralismo. Los participantes también han mostrado preocupación por el deterioro del respeto en algunos discursos públicos y en las redes sociales, insistiendo en que la religión no es únicamente una cuestión privada, sino también una realidad con dimensión social.

 

Con estas reflexiones han concluido unas jornadas que, desde 2008, promueven en Burgos el conocimiento mutuo y el encuentro entre cristianos y musulmanes, convencidas de que comprender al otro constituye un paso imprescindible para construir una convivencia más sólida y respetuosa.