El pasado miércoles 24 de junio, a los mandos de la consola del órgano de la epístola, Sietze de Vries interpretó un programa titulado “Improvisaciones”. El título no dejaba lugar a dudas: desde la primera hasta la última nota del concierto fueron improvisadas.
El recital comenzó con un preludio en estilo del Barroco temprano, una música que evocaba el lenguaje de organistas como D. Buxtehude o Franz Tunder. Fue una manera muy acertada de abrir boca para un concierto que iría claramente in crescendo.
A continuación, interpretó una partita en estilo barroco sobre el coral Freu dich sehr, o meine Seele —“Alégrate mucho, oh alma mía”—. La partita es una forma basada en la creación de variaciones sobre una melodía previa, en este caso un coral. Dado el carácter alegre del tema, las variaciones creadas por De Vries se ajustaron perfectamente a ese afecto, mostrando una gran imaginación sin perder nunca la claridad del material original.
Posteriormente llegó una fantasía en estilo romántico francés, que destacó especialmente en el órgano Roqués, el órgano de la epístola, de estética romántica española. En esta pieza se pudo apreciar con especial intensidad la riqueza tímbrica del instrumento, así como la capacidad del intérprete para construir grandes arcos sonoros con libertad y coherencia.
Después interpretó un preludio y fuga en estilo de Bach, sin duda el momento más difícil del concierto y aquel en el que De Vries demostró con mayor claridad su maestría. Improvisar una fuga exige no solo inventar un tema convincente, sino también desarrollarlo de forma contrapuntística, manteniendo la independencia de las voces y la lógica formal. A ello se suma la dificultad de sostener la tensión musical sin una partitura previa, algo que el organista resolvió con admirable seguridad. Para concluir la fuga, retomó el tema del preludio a modo de ritornello, dando unidad y cierre a toda la sección.
Por último, y en un estilo más cercano a nuestra tradición, llegó la Batalla, una forma muy vinculada al repertorio ibérico para órgano que recrea musicalmente una escena bélica mediante llamadas, contrastes, ritmos enérgicos y el uso característico de registros de lengüeta. En este caso, el órgano parecía responderse a sí mismo gracias a la doble fachada del órgano de la epístola, creando un efecto espacial de diálogo entre distintos planos sonoros. Esta última improvisación narró una pequeña historia a través de la música: comenzó con una sección pastoral, continuó con la amenaza, marcada por disonancias y el empleo de lengüetas, desembocó en la batalla, con el propio órgano contestándose de un lado a otro, y concluyó con la victoria, recuperando el ambiente pastoral del inicio. Fue un final brillante para un concierto excepcional, en el que Sietze de Vries mostró no solo un dominio absoluto del instrumento, sino también una imaginación musical verdaderamente extraordinaria.






