La exposición La Catedral de Toledo: Custodia de lo sublime se enmarca en la celebración del VIII Centenario del inicio de la construcción de la Catedral gótica de Toledo y constituye la antesala del Año Jubilar concedido por la Santa Sede. Se trata de una propuesta que busca acercar al público la historia y la evolución de la seo toledana a través de su relación con otras grandes catedrales españolas.
La muestra reúne documentos originales, facsímiles, reproducciones y recursos gráficos que permiten acercarse al patrimonio artístico, histórico y espiritual de la Catedral Primada. Su recorrido invita a conocer estos vínculos en escenarios especialmente significativos. En la Catedral de Burgos, la exposición ofrece la oportunidad de profundizar en la expansión del arte gótico por la Península y en el papel desempeñado por los monarcas y el mecenazgo regio en el desarrollo de estos grandes proyectos constructivos.
El recorrido expositivo pone de relieve los estrechos vínculos entre las catedrales de Toledo y Burgos, ambas impulsadas bajo el reinado de Fernando III. Destaca especialmente la relación entre dos figuras fundamentales: el obispo Mauricio, promotor de la Catedral de Burgos, quien había sido anteriormente arcediano de Toledo, y, el arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada, impulsor de la catedral toledana. Ambos compartieron, además, una formación en París. Estos vínculos ayudan a comprender cómo las ideas arquitectónicas y culturales circulaban entre los territorios peninsulares y europeos. Otro elemento que conecta ambas sedes es la figura de Santa Casilda, de origen toledano y estrechamente vinculada a tierras burgalesas, cuya tradición quedó reflejada en el patrimonio artístico y religioso de ambas catedrales.
Entre los contenidos expuestos destacan varios documentos y piezas que evidencian estos vínculos históricos y artísticos. Entre ellos sobresale el diploma de la Donación de cera del obispo Mauricio, de 1227, así como dos bocetos de Francisco Bayeu para la Muerte de Santa Casilda (1783), uno de los cuales sirvió de modelo para la pintura del claustro de la Catedral de Toledo, reforzando así la conexión entre la tradición toledana y las tierras burgalesas. La muestra incluye también el facsímil del privilegio fundacional de Alfonso VI, de 1086, por el que se restableció la archidiócesis de Toledo y la catedral fue consagrada bajo la advocación de Santa María, además de un documento relacionado con la realización de El Expolio, que conserva la firma y el recibí del propio pintor, El Greco.
La conmemoración invita, además, a reflexionar sobre el futuro de las grandes catedrales y sobre desafíos como la conservación del patrimonio, la sostenibilidad y la difusión cultural, siempre en equilibrio con su carácter sagrado, litúrgico y comunitario.
Tras su paso por Santiago de Compostela, la exposición ha llegado a Burgos, donde puede visitarse en la Sala Capitular de la Catedral durante el horario habitual de apertura hasta diciembre de 2026, antes de continuar su itinerancia en la Catedral de la Almudena de Madrid.






