La ciudad de Valladolid acogió la II Jornada de Formación promovida por el Secretariado Interdiocesano de la Pastoral de la Salud de la Iglesia de Castilla (SIPS). Al encuentro acudieron un centenar de personas destacando la amplia representación de la archidiócesis de Burgos.
Bajo el título Acompañar el final de la vida, la jornada tuvo como propósito despertar y fortalecer en los asistentes una mirada samaritana capaz de acoger, escuchar y acompañar el sufrimiento humano en el contexto actual. Se trató de una invitación a integrar la fe, humanidad y discernimiento para ofrecer una presencia que cuide, sostenga y abra caminos de sentido y esperanza tanto a los enfermos como a sus familias.
La jornada se enmarca en el itinerario formativo del SIPS y estuvo dirigida a los voluntarios de delegaciones pastorales, equipos de parroquias, residencias, centros asistenciales y servicios religiosos entre otros. Un encuentro que volvió a poner de relieve la necesidad de una presencia comprometida, cercana y esperanzadora ante el sufrimiento humano.
La formación fue impartida por la pedagoga Elisabeth Carrasco Falcó, responsable del área de Solidaridad del Centro Asistencial San Juan de Dios en Sant Boi, y coordinadora de un amplio equipo de voluntariado. Durante su intervención, Carrasco Falcó puso el acento en las claves fundamentales del acompañamiento en el final de la vida, destacando el rostro de sufrimiento hoy, marcado por la soledad, la pérdida de sentido y la fragilidad.
En este contexto, subrayó la importancia del acompañamiento como eje central de la acción pastoral y del cuidado entendido como una forma de evangelización. Así mismo, insistió en la vocación de acoger y escuchar y no abandonar, ofreciendo siempre una presencia cercana que ayude a descubrir sentido incluso en medio del dolor vinculado a la soledad y al abandono, y reiteró la postura de la Iglesia que, desde la valoración moral, lo entiende como una forma de cooperación directa en la muerte de otra persona.
La ponente también abordó algunos de los principales desafíos éticos y pastorales de nuestro tiempo, como la eutanasia, el suicidio asistido y los cuidados paliativos. En relación con la eutanasia recordó que la iglesia no responde únicamente desde la norma, sino desde una visión integral de la persona, considerándola una grave vulneración de la ley de Dios. Sobre el suicidio asistido, señaló que con frecuencia expresa un profundo sufrimiento existencial.
Por último destacó el valor de los cuidados paliativos como una respuesta profundamente humana y cristiana, una expresión privilegiada de caridad desinteresada que sitúa en el centro la dignidad de la persona y el acompañamiento compasivo hasta el final de la vida.
Fue un día muy rico y de gozo en el que también pudimos encontrar una oportunidad para charlar y compartir entre las diferentes delegaciones de la Pastoral de la Salud de la Iglesia en Castilla






