El pasado sábado, 28 de febrero, la iglesia de la Merced de los PP. Jesuitas ha acogido la celebración del retiro de Cuaresma organizado por CONFER Burgos. En esta ocasión, el encargado de animar este retiro, que ha tenido por título Cuaresma, tiempo de gracia para sanar el corazón, ha sido Mons. Cecilio Raúl Berzosa Martínez, obispo emérito de Ciudad Rodrigo.
Mons. Berzosa, que en la introducción ha recordado que hacía 21 años que no pisaba el templo de la Merced, ha destacado que el retiro se ha titulado Cuaresma, tiempo de gracia para sanar el corazón, explicando que este proceso implica «limpiar nuestros pecados, barrer la casa, y vivir las bienaventuranzas, dejarnos hacer dentro de la casa del corazón, dejar hacer por el Espíritu Santo».
El ponente ha recordado la parábola sobre la casa barrida que, si no se llena del Espíritu Santo, «se volverá a llenar de demonios». Ha citado una anécdota de san Jerónimo en la que Jesús le pide: «Dame tus pecados para que pueda perdonártelos». Ha identificado tres tendencias que impiden la limpieza del corazón: la «avidez de placeres» (gula, lujuria, codicia), la «idolatría de uno mismo» (tristeza, cólera, acedía) y el «querer dominar todo» (vanagloria, orgullo). Para contrarrestar estas tendencias, ha propuesto «no tener miedo a detectarlas», recurrir al «sacramento de la penitencia y del perdón», y cultivar «humor, amor y paciencia».
En la segunda parte, se ha centrado en «dejarnos trabajar por el Espíritu, que son las Bienaventuranzas». Ha enfatizado que el núcleo de éstas, «Bienaventurados los pobres de espíritu», significa «dejarse amar por Dios», pues «Tú no puedes amar a Dios si antes no te has dejado amar por Dios». Ha afirmado que las Bienaventuranzas son «la mejor radiografía y la mejor foto interior de cómo era y vivía Jesucristo». Finalmente, ha concluido que «sin el Espíritu Santo, Dios está lejos, Cristo queda en el pasado, el Evangelio es letra muerta, la Iglesia es una simple organización», mientras que «con el Espíritu Santo (…) Cristo resucitado está presente, el Evangelio es potencia de vida». Ha resumido la conversión como «barrer la casa de lo que estorba para que el esposo esté, pero a la vez dejarnos trabajar por el Espíritu Santo desde las Bienaventuranzas».






