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Los feriantes de Burgos han afrontado las fiestas de San Pedro y San Pablo con incertidumbre y condiciones excepcionales, en un año en el que la organización de la feria ha estado marcada por la improvisación y las dificultades. A pesar de ello, la presencia de la Iglesia se ha mantenido como apoyo cercano a quienes viven y trabajan en este singular entorno itinerante.

 

Según ha explicado Rosa Alonso, feriante y representante de la Asociación de Feriantes de Burgos, la situación previa al arranque de las fiestas ha generado «mucho estrés», debido a los cambios continuos en la ubicación de las barracas y la falta de previsión. «No son las mejores condiciones», ha reconocido, aunque ha subrayado que el colectivo está «preparado para darlo todo con total seguridad».

 

La incertidumbre no es habitual en el trabajo de los feriantes de Burgos, que han señalado que la organización de una feria requiere planificación con meses de antelación. «No es lo habitual», ha indicado Alonso, quien ha destacado que este año se han visto obligados a tomar decisiones clave, como la contratación de personal o la instalación de atracciones, en un contexto de duda constante.

 

En este sentido, desde la Asociación han reclamado mayor diálogo con el Ayuntamiento de cara a futuras ediciones. «Queremos sentarnos con los responsables y explicar, desde nuestra experiencia, cómo se pueden hacer mejor las cosas», ha señalado Alonso, insistiendo en la necesidad de colaboración entre técnicos municipales y profesionales del sector.

 

Un modo de vida exigente y vocacional

Más allá de las dificultades puntuales, los feriantes de Burgos han puesto de relieve la exigencia de su modo de vida, que combina largas jornadas de trabajo con continuos desplazamientos. «Es difícil, pero bonito a la vez», ha explicado Alonso, quien ha descrito un día a día que incluye no solo la atención al público, sino también revisiones técnicas, gestiones administrativas y coordinación con otros gremios.

 

La feriante ha destacado, además, el valor humano de su labor: «Ver a abuelos, padres y niños disfrutar es maravilloso», ha afirmado, poniendo el acento en la dimensión social y festiva que aportan a la ciudad durante estas fechas.

 

La Iglesia, presencia cercana en la feria

En este contexto, la Pastoral de Ferias y Circos de la archidiócesis de Burgos ha continuado su labor de acompañamiento a los feriantes de Burgos, aunque con limitaciones respecto a años anteriores. Su responsable, Jesús Segura, ha explicado que la falta de previsión ha reducido la presencia de familias y niños, lo que ha condicionado las actividades habituales.

 

«Muchos feriantes no han podido venir» y «hay muy poquitos niños», ha señalado, lo que ha impedido desarrollar plenamente iniciativas como las actividades educativas y de ocio que tradicionalmente se organizaban para los más pequeños.

 

A pesar de ello, la acción pastoral se ha adaptado a las circunstancias. Segura ha explicado que su labor tiene dos vertientes principales: la atención a los niños —ofreciendo espacios de descanso y convivencia fuera del ruido de la feria— y el acompañamiento personal y religioso a los trabajadores. «Soy el nexo de unión entre la archidiócesis y los feriantes», ha afirmado.

 

Esta cercanía ha sido valorada positivamente por los propios profesionales. Rosa Alonso ha asegurado que «Jesús es uno más de nosotros», destacando la continuidad de una relación que se ha mantenido durante décadas y que aporta apoyo tanto a los niños como a las familias.

 

Una invitación a participar en la fiesta

Pese a las dificultades, los feriantes de Burgos han querido lanzar un mensaje de ánimo a la ciudadanía para que participe en las fiestas. Jesús Segura ha recordado, citando al Concilio Vaticano II, que los feriantes son «artesanos de la alegría», en referencia al papel que desempeñan en la vida festiva de la ciudad.

 

En su invitación, ha animado a los burgaleses a acudir a la feria, disfrutar en familia y valorar el esfuerzo realizado en un año especialmente complejo. «Que vayan, que disfruten», ha expresado, subrayando que la feria sigue siendo «parte de las fiestas» y un espacio de encuentro abierto a todos.