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El CLI Círculo de Silencio de Burgos —que organiza bimestralmente la Delegación de Pastoral para las Migraciones y la Movilidad Humana de la archidiócesis en el paseo de la Sierra de Atapuerca— se ha celebrado este lunes, 13 de julio, en la capital burgalesa. En esta ocasión, el acto ha contado con la participación de voluntarios de Pastoral Penitenciaria, centrando su reflexión en la situación de las personas migrantes privadas de libertad y en la necesidad de mirar más allá del delito para comprender su historia.

 

Como es habitual, el encuentro se ha desarrollado en silencio, acompañado de la lectura de un manifiesto que ha puesto rostro a realidades concretas. Bajo el título El delito no debe solapar el origen de la historia, el texto ha presentado testimonios que reflejan las circunstancias de exclusión y vulnerabilidad que viven muchas personas migrantes antes de llegar a prisión.

 

Uno de los casos relatados ha sido el de Soulimane, quien «viajó durante semanas por todo el desierto del Sahara» desde Mauritania, invirtiendo sus ahorros en un cayuco hacia Europa. La narración ha mostrado cómo, tras aceptar hacerse pasar por capitán de la embarcación para abaratar el viaje, fue detenido a su llegada y condenado como responsable de tráfico de personas. «A veces el delito no debe solapar el origen de la historia», ha subrayado el manifiesto.

 

En la misma línea, se ha recordado la historia de Luis Alfredo, padre de familia en Medellín, quien aceptó transportar droga ante la desesperación económica. El texto ha vuelto a insistir en la misma idea central: «A veces el delito no debe solapar el origen de la historia».

 

El manifiesto leído durante el Círculo de Silencio de Burgos ha señalado también la situación estructural que afecta a las personas migrantes en prisión. Según el texto, «solo 3 de cada 10 personas que viven en los centros penitenciarios del estado proceden en su origen de fuera de España», aunque muchas de ellas han llegado tras recorrer itinerarios marcados por la exclusión social.

 

Más allá de la condena, el documento ha denunciado que estas personas encuentran dificultades añadidas para su reinserción. «Lo terrible de todo es que no se contemple con las personas privadas de libertad extranjeras lo que, por ley, les pertenece», se ha afirmado, recordando el artículo 25 de la Constitución, que establece el derecho a la reinserción social.

 

En este sentido, el texto ha advertido de las consecuencias que sufren tras cumplir sus penas: expulsiones del país, denegación de permisos, pérdida de derechos laborales o dificultades de acceso a la sanidad y al empadronamiento. «Por desgracia, una persona privada de libertad que es migrante, pierde los pocos derechos que hubiera podido conseguir antes de su entrada a prisión», ha denunciado el manifiesto.

 

El acto ha concluido con unas palabras del papa Francisco, recogidas en el texto, en las que propone «iniciativas que devuelvan la esperanza», como amnistías o itinerarios de reinserción que permitan recuperar la confianza en uno mismo y en la sociedad.

 

También en este Círculo de Silencio se ha tenido un recuerdo agradecido y un minuto de silencio por José Miguel González Cid, Josemi, coordinador del programa de Ocio y Tiempo Libre de Atalaya Intercultural y habitual participante en esta iniciativa, recientemente fallecido en accidente de tráfico.

 

De este modo, el Círculo de Silencio de Burgos ha vuelto a convertirse en un espacio público de denuncia y sensibilización, invitando a la ciudadanía a reflexionar sobre la dignidad de todas las personas y la necesidad de construir una sociedad más justa e inclusiva.