El 14 de septiembre fue, hasta 1873, el día más solemne en el calendario burgalés. Su «Santísimo Cristo» paralizaba la actividad de la ciudad, que celebraba en torno a la venerada imagen sus fiestas mayores, hasta que el Consistorio decidió trasladarlas a junio, con la feria de San Pedro y San Pablo. Los 60 costaleros de la cofradía de las Siete Palabras han vuelto a portar sobre sus hombros la imagen a la que miles de españoles, incluidos sus Reyes, han rezado a lo largo de los siglos en tiempos de calamidad. También hoy la imagen articulada, de gran realismo, cubierta con piel de becerro y uñas naturales, ha acogido las oraciones de los fieles a su paso por la plaza del Rey San Fernando, el paseo de la Audiencia o la calle Asunción de Nuestra Señora. Mucho silencio devoto acompañado por luces y sombras en una noche veraniega.
Antes de la procesión, la Catedral ha acogido una solemne eucaristía presidida por D. Mario Iceta, arzobispo de Burgos y concelebrada con D. Fidel Herráez y el Cabildo Metropolitano. La presencia de D. Mario era muy esperada y palpaba en los numerosos saludos de fieles, miembros de cofradías y de la Santa Hermandad del Cristo de Burgos y de las numerosas autoridades políticas, académicas y militares. Así lo hizo notar en sus primeras palabras de la homilía: «He vivido siete meses de confinamiento. Me he sentido como el pastor herido que quiere cuidar de su rebaño, aun en la distancia. Agradezco la oración por mí del pueblo de Burgos. Os puedo decir que he sentido el consuelo de vuestra plegaria en los momentos de mayor sufrimiento”. Aseguró que, aun con dificultad por el tratamiento médico, ha sido “un obispo en teletrabajo». Especial agradecimiento para D. Fidel y su presencia en numerosas celebraciones de la ciudad. Comentando la Palabra de Dios, insistió en cómo «el Señor no nos quiere curar desde fuera, sino desde dentro, asumiendo nuestra propia humanidad». «Él ha padecido todos nuestros sufrimientos para llenarlos de luz y de paz». Así, un «arma de tortura», como era la cruz, acabó convirtiéndose en «fuente de salvación para todos los hombres»; el sacrificio de Jesús supuso «asumir un mal por el bien y el amor». «El Señor ha probado tus miserias. Todas. Déjate consolar y perdonar’. Por eso, ha revelado, «la mejor esperanza es confiar la vida a Dios, confiarla a sus brazos». «Ojalá reposemos nuestras dolencias en los brazos del Padre, tal y como lo hizo Nuestra Madre, la Virgen María».
Además de los citados cofrades, a la celebración han asistido devotos procedentes de varios rincones del país, como Cabra del Santo Cristo, de Sevilla, de Málaga y de Jaén. También han estado presentes miembros de la Guardia Civil –que han escoltado la imagen durante la procesión–, la Corporación Municipal en cumplimiento del tradicional voto de la ciudad, representantes de la Junta de Castilla y León, del Ejército de Tierra y de la Universidad Isabel I






