El parque municipal de Campillo de Aranda acogía este viernes, 22 de mayo, un encuentro de oración al aire libre en el marco de la Semana Laudato Si’ y en la víspera de la celebración de Pentecostés. La convocatoria reunió a más de medio centenar de personas de distintas parroquias del arciprestazgo de Santo Domingo de Guzmán, en la Ribera del Duero, en una tarde marcada por la oración, el compromiso con cuidado de la creación y el deseo de hacer comunidad más allá de cada pueblo.
La celebración se enmarca en la Semana Laudato Si’, que en la archidiócesis de Burgos promueve el Departamento para la Promoción de la Ecología Integral y que este año se celebra bajo el lema De la esperanza a la acción. Desde esa clave, el encuentro invitó a renovar el compromiso cristiano con el cuidado de la casa común y con las personas más vulnerables, uniendo la llamada de la encíclica Laudato Si’ con la invocación al Espíritu Santo propia de Pentecostés.
Durante la oración hubo momento para reconocer los pecados contra la creación y sus consecuencias sobre la naturaleza y los hombre y mujeres, especialmente los más afectados por la pobreza y la exclusión. La escucha de la Palabra de Dios, la reflexión y las invocaciones al Espíritu ayudaron a expresar el deseo de dejarse renovar por quien sigue haciendo nuevas todas las cosas.
Uno de los momentos centrales fue el gesto del compromiso, cuyo símbolo principal fue la plantación de un árbol proporcionado por el Ayuntamiento de Campillo en el espacio en que se llevaba a cabo la oración. A continuación cada participante eligió un pequeño gesto o intención para su vida cotidiana. Cada compromiso fue pegado en un vaso con el que, después, cada persona regó el árbol recién plantado. El signo quiso recordar que también los gestos sencillos —ahorrar agua, evitar el desperdicio, cuidar los espacios comunes, consumir con responsabilidad o compartir con quien lo necesita— pueden alimentar una cultura del cuidado.
La celebración concluyó con el rezo compartido del padrenuestro y una danza de bendición en torno al árbol. La última hora de la tarde, primero luminosa y después abierta a un suave atardecer, acompañó una oración sencilla y serena, vivida en plena naturaleza y con un marcado sentido comunitario. El encuentro se prolongó con una pequeña merienda compartida, que se convirtió también en un espacio sencillo de convivencia y conversación entre miembros de parroquias de distintos pueblos de la Ribera. El deseo de dar continuidad a la experiencia se plasmó en el ofrecimiento de un grupo de jóvenes de Fuentelcésped de acoger una próxima edición del encuentro.
La jornada sirvió también como primera experiencia del germen de coro arciprestal que comienza a nacer en Santo Domingo de Guzmán. La iniciativa quiere reunir a personas que prestan el servicio de la música en sus parroquias para ofrecerlo también en distintos momentos y necesidades del arciprestazgo y de sus comunidades.






